«Pichón de abogado» lo llamó no hace mucho, entre jocoso y admirado, José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido. Y valga el elogio para este joven que con 23 años se convirtió en constituyente. Sí, porque con esos «pocos» años vividos Raúl Alejandro Palmero Fernández, actual presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), es uno de los 33 integrantes de la Comisión Parlamentaria para la Reforma Constitucional.

Llega a nuestro encuentro visiblemente atormentado. Ha logrado escaparse unos «minutos» de una reunión que analiza minuciosamente modificaciones al Reglamento de la organización joven más antigua de Cuba, pero antes tuvo un examen en la Universidad, otras reuniones y está inmerso también en su tesis de licenciatura. Pese a tanta premura, el hoy estudiante de Derecho de la Universidad de La Habana y alumno ayudante de Derecho Constitucional, dedica tiempo a esta que considera una importante conversación.

«Mis madrugadas son últimamente a golpe de café y desvelo para unir el contenido de un día con otro», me dice sonriente, y si alguien piensa que es fácil dirigir la FEU y a la vez estar en miles de cosas, cuando escucha hablar a Palmero Fernández o al resto de sus compañeros, ciertamente se equivoca. «Es un compromiso que debes cumplir por más cansado que te sientas a veces. Nuestra Federación cuenta con una historia tremenda y uno debe esforzarse por ser un digno seguidor de esas tradiciones, llevando también de la mano el estudio», afirma.

Vamos a entrar en materia más fuerte, le digo al diputado por el municipio habanero de Marianao y miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba. La primera pregunta, inevitable, es sobre el privilegio que entraña cumplir una encomienda en verdad nada fácil, como redactar el Proyecto de Constitución de su país. «Soy el más joven de la Comisión y estoy muy consciente de que algo semejante solo es posible en un país socialista como el nuestro.

«Aquí represento al estudiantado universitario y a las nuevas generaciones en general. Es un derecho que nos hemos ganado por el papel tan importante que ha desempeñado la juventud a lo largo del proceso revolucionario. En lo personal ha sido un privilegio y una posibilidad. No creo que en la historia del constitucionalismo mundial, y mucho menos latinoamericano, un estudiante haya sido parte de una comisión redactora de una Constitución y haya desempeñado un papel tan activo en los debates de esta.

«También es un compromiso, primero porque como Presidente de la FEU sus miembros se ven reflejados ahí, y como estudiante de Derecho tengo la alta responsabilidad de aplicar los conocimientos técnicos en este tipo de labor. Por eso esta ha sido una práctica profesional fuera de serie y una formidable escuela desde cualquier punto de vista, incluido, por supuesto, el profesional».

—Haciendo un recuento, ¿qué pasó después que se creó la Comisión?

—Recordemos que fue el 2 de junio último cuando la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), en una sesión extraordinaria, acordó crear la Comisión presidida por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido. Comenzamos a trabajar desde ese mismo día tomando como referencia los estudios, que desde el 2013, se venían realizando para los posibles cambios al orden constitucional.

«A partir de ese momento, durante poco más de una semana, estudiamos los materiales para generar nuestras propuestas y a continuación comenzaron los análisis colectivos. Luego de ambos procesos se presentó a la ANPP el Proyecto de Constitución, el cual se aprobó después de un debate profundo por los diputados».

—¿Cómo se hacían las propuestas dentro de la Comisión?

—Éramos 33 diputados sentados a una mesa que es redonda. Esa fue la misma dinámica que rigió el debate. Siempre tratamos de que cuando se aprobara algo fuera por consenso. Si un día no llegábamos a un acuerdo o había diversidad de criterios sobre determinado tema, investigábamos, y al otro día se traía la información más fundamentada, se discutía hasta lograr el consenso.

«Se hizo un análisis, artículo por artículo; si los 33 teníamos una opinión sobre determinados puntos, la dábamos y al final se tomaba una decisión. Hubo opiniones encontradas que nos hicieron aplazar más la aprobación de determinados artículos, sin embargo, existió una unidad muy fuerte a lo interno, una química bastante buena; incluso los debates, que solo tenían descanso en el horario de merienda o almuerzo, en ese tiempo también continuaban.

«Llegó un momento en que logramos entendernos unos a los otros y eso fue lo que permitió quizá no extender mucho más un proceso que pudo haber durado varios meses. Creo que las relaciones de trabajo, el respeto y la seriedad con que la Comisión asumió su misión histórica fue esencial para que en ese escenario de diferencias de criterios lográramos tener unidad en cuanto a la esencia del documento que ha debatido en estos meses nuestro pueblo».

—¿A partir de los textos presentados a ustedes fueron muchas las sugerencias?

—Hicimos sugerencias a casi todos los artículos; algunas de contenido y otras de forma, en la redacción, en el lenguaje, en los términos que se utilizaban… fueron tantos los temas, que el texto a partir del cual trabajamos para elaborar el Proyecto terminó transformado en casi un 80 por ciento. Podemos decir con orgullo que la Comisión hizo su trabajo. Eso mismo ha sucedido con el debate popular. Como se explicó recientemente se han planteado 560 003 sugerencias de modificaciones.

—¿Cuáles fueron los temas más contradictorios a lo interno de la Comisión?

—El tema de los derechos, las nuevas estructuras que asumirá el Gobierno y el Estado, las facultades de los directivos, los fundamentos políticos y económicos, la terminología de ciertos cargos o sistemas de dirección… incluso el Preámbulo fue muy discutido en lo relacionado con la historia.

«Ningún artículo o capítulo fue más debatido que otro. Cuando llegábamos a determinados temas, por ejemplo la cultura o la economía, quienes estaban allí de esos sectores, explicaban bastante; no es igual cuando uno hace un análisis en un barrio, en una escuela o centro de trabajo que la gente va más a lo que pasa en su pedacito».

—Ya terminaron las reuniones de consulta popular y de seguro participaste en muchas…

—Fui a muchas en los barrios, en universidades, en preuniversitarios, en instituciones, centros de trabajo y, por supuesto, también en los debates en las mesas de comer, en las de dominó, en los pasillos de la Universidad. La opinión que tengo es que la gente se preparó, el cubano es sorprendente en relación con su cultura política. El socialismo ha estimulado que la gente no se enajene políticamente.

«No participé en ningún debate mediocre, ni siquiera en el barrio más humilde. La gente ha sido parte de la construcción colectiva de la Carta Magna y ha expresado con absoluta libertad sus opiniones y propuesto modificaciones y aclaraciones, las cuales serán sometidas al análisis de nuestra Comisión ahora que concluyó la consulta popular, la cual fue expresión del carácter democrático y participativo del Estado revolucionario».

—¿Las propuestas de los universitarios hacia qué se enfilan?

—Hay planteamientos interesantes. Los jóvenes no dudan del socialismo, pero quieren un socialismo en el que puedan hacer realidad sus sueños y aspiraciones. Aplauden propuestas relacionadas con el desarrollo tecnológico de la sociedad, nuevas formas de gestión, de propiedad, de participación, de legitimación de ciertas estructuras estatales y de Gobierno, de los mecanismos de defensa y de garantía que se han pedido. Nuestra generación se ha pronunciado también por los deberes y obligaciones, porque debemos ser incisivos para que se cumpla lo que estará en la futura Constitución.

—Recientemente Homero Acosta Álvarez, secretario del Consejo de Estado, apuntó que el artículo más debatido era el 68. ¿Cómo se vivió ese tema dentro de la Comisión?

—También se debatió con fuerza, pero se llegó a un consenso, sobre todo facilitado por la multiplicidad de criterios y basamento científico de los especialistas que estaban allí y desde las diferentes aristas de la sociedad. El debate de la Comisión no fue más a que si es justo o no lo que se está proponiendo, que lo creo, sino a la repercusión que eso tendría en otros sectores, incluso dentro de la misma institucionalidad del país.

«Hablamos de una revolución en la institución del matrimonio y en la familia, pero nosotros logramos un consenso en ese sentido. Lo que estamos es sencillamente cumpliendo con otro mandato de la Constitución, que es tributar a la dignidad plena del hombre y de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. Estamos ante un acto de neta justicia social, en la que tenemos las mismas posibilidades, en una república con todos y para el bien de todos».

—¿Pero todo el mundo quiso incluir algo en el Proyecto de Constitución?

—Todavía debemos seguir explicándole a nuestro pueblo que la Constitución es una norma que establece principios y valores esenciales y mínimos, lo que implica no abarcar y expresar en detalles todos los ámbitos de la vida política, económica y social. Debemos aspirar a vernos todos reflejados en la Carta Magna como texto íntegro y no en lo individual, pues será imposible, debido a que somos más de 11 millones de cubanos y son solo 224 artículos.

«Es importante comprender eso, sobre todo para cuando llegue el referendo y pensemos que la Constitución, en su esencia, sea lo que uno quiere, que recoja los principios fundamentales que me tipifican a mí como ciudadano, como ser humano, como cubano, independientemente de que pueda existir un artículo que no comparta mucho, o un tema que quiera que esté, pero no está.

«Lo que hoy debatimos, que será enriquecido con las miles de propuestas ciudadanas, es un texto para el presente y el futuro, revolucionario y moderno, avanzado y práctico, que tiene trascendencia para cualquier ciudadano y más para los jóvenes. Por lo tanto el referendo debe afrontarse con ese sentimiento, con la pasión de que estamos votando por la Constitución de todos y para todos los cubanos, con buenos principios, valores y normas que nos favorecen».

—¿Qué consideras lo más avanzado y revolucionario del Proyecto de Constitución?

—No solo es propio de esta Constitución, sino también de la de 1976, y es precisamente cómo Cuba defiende el socialismo, no solo desde el punto de vista político, económico y social, sino desde tu integridad y dignidad como ser humano, pues ese sistema es lo que nos libera de las cadenas del consumo. Lo más avanzado y revolucionario es cómo  se siguen protegiendo los principios de la Revolución, el socialismo, y el papel del Partido y de las organizaciones sociales y de masas en este proceso histórico. Ahí están los fundamentos y principios de esta nación, sus esencias y raíces, cada conquista de la Revolución, nuestros derechos, deberes y garantías, la Cuba que tenemos y la que queremos.

—¿Este proceso ha ensanchado la cultura jurídica en la población, algo que debe reforzarse cuando se apruebe la Constitución?

—Hay que ganar más en cultura jurídica, como hay que ganar dentro de las instituciones del Estado y el Gobierno en la defensa de las jerarquías de las disposiciones normativas, fortaleciendo así la seguridad jurídica. La ANPP debe cumplir su papel legislativo y al promulgar leyes garantizar que se haga con sus reglamentos, que son garantías de su cumplimiento. Cuando esté, la Constitución será herramienta esencial para saber cómo proyectarse, cómo son las relaciones entre ciudadanos e, incluso, sus relaciones con el aparato estatal.

«Después de este proceso estoy seguro de que las personas seguirán incrementado su cultura jurídica, acercándose y conectándose con la Ley de leyes. La gente siempre ha visto en la Revolución la principal fuente de garantía de sus derechos y la vida nos ha demostrado que también tenemos vicios sociales propios del capitalismo y una burocracia que atenta contra los fines de construir el socialismo, por lo tanto, la Constitución es un arma contra eso».

***

Lo vivido —hasta ahora— por Palmero Fernández como miembro de la Comisión le ha dejado no pocos momentos emocionantes y lecciones; sin embargo, nunca antes había participado en un proceso como este. «Cuando se hizo la Constitución de 1976 no había nacido, y cuando se hizo la última reforma, en 2002, para establecer la irrevocabilidad del socialismo en Cuba, solo tenía siete años.

«Con el tiempo me fui adentrando en este mundo y más cuando me decidí a estudiar la carrera de Derecho. La FEU también ha sido una gran escuela para mí, al vivir el proceso de un Congreso, junto al constante intercambio con personas y universidades. La Revolución nos convoca siempre al debate popular al consultar con su pueblo las decisiones principales. Pensemos, por ejemplo, en la Primera Declaración de La Habana, en el proceso de rectificación, las reformas a las constituciones anteriores, los Lineamientos…

«Así que lo que ocurre hoy no es nuevo para nosotros, independientemente de que este sea el proceso de discusión más grande que hayamos hecho. Cada vez que en este país se ha intentado tomar una decisión que tenga alcance nacional se ha consultado al pueblo. En eso hay una herencia y es el pueblo el que ha decidido el futuro del país, con errores y aciertos, es lo que estamos haciendo ahora».

—¿Los demás integrantes de la Comisión qué le decían al casi abogado?

—Me siento satisfecho por el trato que tuvieron conmigo, que me vieran más que como a un simple estudiante me dio aliento. Los líderes de la Revolución respetaron mis criterios, incluso los defendieron en ocasiones. Todos los compañeros me transmitieron mucho cariño. Creo que ellos también se sintieron contentos con el hecho de que estuviera ahí, porque representaba la opinión del sector más joven.

—¿Tus propuestas? ¿Estás satisfecho con el Proyecto?

—Hice muchas propuestas, unas se aceptaron y otras, por consenso, se llegó a la conclusión de que estaba mejor lo que opinaba la mayoría. Pero me siento muy orgulloso del texto logrado y estoy de acuerdo íntegramente con él. Muchos países y personas quisieran tener una Constitución tan revolucionaria como la que estamos proyectando.

«Como formo parte de una Comisión que tomó decisiones, no creo que sería ético decir cuál es mi pedazo en ese texto y cuál podría haber sido y no lo es. Defiendo ese texto, y como soy partícipe del debate me he enriquecido en mi cultura jurídica como estudiante, cubano y revolucionario con las opiniones del pueblo, el cual ha dado hasta ahora la mejor muestra de educación cívica y jurídica que puede dar un país, a pesar de las lagunas que tenemos».

—¿Debe ser complejo defender puntos de vista que no coincidan, por ejemplo, con los de una personalidad como el General de Ejército Raúl Castro Ruz?

—La experiencia más interesante, al ser parte de la Comisión, más allá de ser un estudiante que formó parte de ella o un joven que redactó la Constitución de su país, fue trabajar tantas horas y en un escenario tan estrecho con Raúl y, además, ver siempre que le prestó especial atención a mis opiniones. Cuando tenía que rectificar o aclarar algunos temas lo hacía con respeto. Recuerdo también cómo me defendió cuando creía que yo tenía la razón y apoyó mis propuestas.

«Para mí fue una gran experiencia ver la profundidad de sus ideas, su elevado sentido de lo justo, cómo conoce la historia y a todos los sectores de la sociedad; la capacidad que tiene para dirigir, además de a un país, a un pequeño grupo de trabajo, que sabe escuchar y propiciar el más amplio debate en un clima de franqueza y absoluta igualdad. Él tiene el detalle de tratar a cada uno de sus compañeros según sus características, dar un piropo específico para cada uno, el hecho de saludar a todos cuando entraba al grupo y también hacerlo al concluir las sesiones, el hecho de compartir no solo las jornadas de trabajo, sino también de merendar, almorzar… junto a nosotros.

«El hecho de aconsejarnos o preocuparse en lo individual por nosotros. En mi caso, por ejemplo, me preguntaba qué asignatura estaba dando, cómo me iba en las clases, cuánto me falta para graduarme… Eso da mucho aliento y regocija. Recuerdo que un día me dijo que quería ir a mi graduación, pero que tenía que darle motivos; eso también nos da una responsabilidad tremenda.

«Recuerdo, además, cuando le expresó a la Doctora Marta Moreno —decana de mi Facultad e integrante del equipo de asesores— que yo estaba en la FEU, que era constituyente y estudiante de Derecho, pero que no podía existir ningún tipo de prebendas conmigo, pues ese era mi deber como estudiante y revolucionario. La seriedad de él, una persona con tanto trabajo y con un país tan complicado, estar a tiempo completo con nosotros da muestra del interés y la prioridad que tiene el proceso de reforma constitucional.

«A pesar de las largas horas de trabajo nunca se mostró cansado y nos llamaba a no atropellar el análisis, a no perder ese sentido de que estamos en un plano de igualdad, y a no perder la ternura en el trato con los compañeros. Raúl siempre fue muy cuidadoso con dejar que todos expresáramos nuestros criterios y defendió que reinara la toma de decisiones por mayoría. La mayor experiencia de este proceso ha sido trabajar a su lado».

—¿Algún otro recuerdo?

—Guardo con mucho orgullo ese primer anteproyecto que tuve en mis manos, porque sé que de aquí a 40 o 50 años, les diré a mis nietos que participé de un proceso histórico tan trascendental y recordaré cómo pude aportar mis conocimientos a esto, no solo dentro de la Comisión, sino también en organizar el proceso y en influir en su calidad al frente de una organización como la FEU.

«De estos meses me ha impresionado la muy necesaria retroalimentación en todo lo que hagamos, pues la Revolución nos ha enseñado a compartir, consultar y decidir junto al pueblo; ha sido una etapa para seguir encontrando nuevas formas y métodos para hacer mucho más efectiva esa democracia participativa y que la gente se sienta cada vez más empoderada.

«Para el mundo este proceso es un ejemplo de cómo un país sin recursos, con un bloqueo, un país que muchos critican, es capaz de llevar a niveles nunca antes vistos de organización social, participación y decisión popular, a una real democracia, de apertura a pesar de sus problemas concretos».

—A quienes piensan que las propuestas realizadas en la consulta caerán en saco roto, ¿qué pudieras decirles?

—Siempre hay quienes quieren ver las manchas en el asunto. Tenemos una experiencia magnífica de consultar nuestras principales decisiones con el pueblo. La Revolución desde su nacimiento nos ha dado muestras de ello. Los Lineamientos de la Política Económica del Partido y la Revolución se modificaron en un 70 por ciento. Que yo, estudiante de Derecho, haya podido formar parte de la Comisión redactora, que haya hecho propuestas que están en ese texto que se discute, es muestra de que eso no va a suceder.

«Por eso el pueblo, cuando participe en el referendo, acentuará aún más su verdadero sentido como constituyente y será el poder popular el que acepte o no el Proyecto que finalmente se proponga. La inmensa mayoría de nuestro pueblo no piensa que sus opiniones serán ignoradas, pues entonces no estuviera participando de la consulta popular con tanto protagonismo. Eso no es más que una estrategia fallida para sembrar la apatía, el odio, el pesimismo, el desaliento, en un proceso que nadie podrá organizar como nosotros. En pocas partes del mundo existe la capacidad de movilizar en tan poco tiempo a un pueblo en torno a temas tan sensibles como decir el futuro real de la Patria».

 

(Yuniel Labacena Romero / Juventud Rebelde)

 



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