Hace unos días repasaba la primera serie de candidatos en las primarias demócratas para ser candidato a la presidencia en el 2020. En el artículo señalaba que aparte de los cinco que comentaba, la lista de gente saltando al ruedo era larga y el número de ellos con un camino cuanto menos plausible a la Casa Blanca era sorprendentemente nutrido. El partido demócrata está en medio de un profundo cambio generacional, así que en esta transición aún no hay favoritos claros.

Es hora, por tanto, de seguir con la lista, más allá de Kamala Harris, Elizabeth Warren, Cory Booker, Joe Biden y (mi favorito sentimental, aunque dudo que gane) Sherrod Brown. Empezaremos con lo que podemos llamar “candidatos factibles”; gente que no está del todo claro que sean viables, pero que posible que den con el mensaje adecuado y la cobertura mediática justa para llegar lejos, o incluso dar la sorpresa.

Aviso: son un montonazo. No están en ningún orden en particular; creo que les daría a todos por debajo de un 5% de probabilidad de ganar. Quizás un poco más a Klobuchar y un poco menos a Pete, pero todos andan por ese orden.

Julián Castro:

A Julián Castro no le veréis en demasiadas quinielas, en parte porque no es tan conocido como otros en la lista, pero tiene varias cosas a su favor. Ex-alcalde de San Antonio, Texas, ex-secretario de vivienda en la administración Obama, joven (44 años), elocuente, tiene algo que no tiene nadie más en estas primarias: es latino.

Puede parecer absurdo, pero esto en unas elecciones con 34 candidatos tiene su peso. Los demócratas como partido han conseguido la fidelidad del voto latino en elecciones recientes, pero no han sido demasiado proclives a tener hispanos en cargos de primera fila. Castro es alguien que combina mucha experiencia política con ser uno de los políticos latinos más reconocibles del país. En un calendario de primarias donde Nevada y California votan pronto, a poco que consiga movilizar ese voto y atraer algo de otros grupos (moderados, principalmente – es bastante centrista) podría ponerse en 10-15% del voto. En unas primarias con tanta gente, eso le pondría muy cerca de los de cabeza.

En su contra, bueno, que realmente no es un tipo demasiado conocido, y que dado que ahora mismo no ocupa ningún cargo público de nivel, tampoco es demasiado visible. Para ganar necesita un pequeño milagro, es indudable.

Por cierto, para que no es confundáis: Julián Castro tiene un hermano gemelo idéntico, Joaquín Castro, que es congresista por Texas. Me gustaría que Julián ganara sólo para que nombrara a su hermano como vicepresidente, y tener un vodevil constante en la Casa Blanca.

Kirsten Gillibrand:

Senadora por Nueva York desde hace 10 años, relativamente joven (52 años), Gillibrand lleva tiempo sonando como promesa en el partido. Aunque viene de un estado fuertemente demócrata, es relativamente moderada; empezó su carrera en el congreso en la cámara de representantes, en un distrito en una zona muy rural y conservadora cerca de Albany.

Es una política sólida; buena en debates, buena en el senado, y ágil buscando temas que la pongan delante de las cámaras. Gilibrand tiene la ventaja de representar al estado que concentra la inmensa mayoría de medios del país, así que está en la tele a menudo (es la entrevista “por defecto” de cualquier productor televisivo que necesita un legislador rápidamente), algo que le da un perfil nacional decente.

En su contra, dos factores. La primera, el hecho que es buena política, pero no extraordinaria, en una campaña donde hay un buen puñado de candidatas que son muy, muy buenas en esto de hacer política. Gilibrand no es mejor que Harris, Warren o Klobuchar en esto del politiqueo, al menos sobre el papel, así que necesitará que otras se estrellen antes que sea considerada la favorita (y sí, creo que este año la candidata será una mujer, así que sólo he listado mujeres).

Segundo, hay un sector del partido que le tiene muchas ganas debido a un escándalo reciente: el caso Al Franken. Si recordáis, Franken era ese senador por Minnesota (y ex-cómico en SNL) adorado por el ala izquierda del partido que dimitió hace un par de años tras un escándalo de acoso sexual. Sin entrar en el fondo de la polémica (creo que Franken hizo bien en dimitir, por mucho que le adorara como político), Gilibrand fue una persona clave para forzar su salida, ya que fue la primera senadora que pidió que abandonara el cargo. Dentro del ala Bernie-bros del partido, sin embargo, (la izquierda dura) que Gilibrand pegara la puñalada a Franken fue visto como una traición.

Amy Klobuchar:

Senadora por Minnesota, Klobuchar es una política que merece más atención de la que recibe. Representa un estado en una zona geográficamente clave del país para el partido, el Midwest, y combina un talento enorme para ganar elecciones con números apabullantes en un estado que dista mucho de ser un bastión del progresismo estos días.

A su favor, Klobuchar es bastante moderada en unas primarias donde la mayor parte de candidatos parecen estar compitiendo por la izquierda. Los demócratas este ciclo parecen querer nominar a alguien que pueda ganar elecciones por encima de todo (algo que ya vimos en las primarias pre-midterms, donde la mayoría de nuevos representantes son moderados), y Klobuchar es muy buena haciendo eso. Echad un vistazo, si queréis, al discurso donde anunció que se presentaba a las primarias. Es también la cosa más Minnesota del mundo, ya que lo dio al aire libre en medio de una gran nevada con un acentazo de Minnesota que parece salido de una peli de los Cohen.

En su contra, dos factores importantes. Klobuchar es muy blanca. Como comentaba hace unos días, sobre un 40% de los votantes de primarias demócratas son latinos o negros. Klobuchar viene de un estado muy blanco, y no tiene demasiado historial de hablar sobre racismo, desigualdad o derechos civiles en un partido al que esto se le da importancia. En otro ciclo esto sería un problema secundario, pero este año hay candidatos como Booker, Harris o incluso Castro que cubren esto mejor.

Segundo, Klobuchar tiene fama de ser alguien horrible con quien trabajar. Su oficina en el senado es una de las peores de Washington perdiendo personal. Esto al votante medio obviamente le importa un comino, pero en las primarias, donde atraer personal de campaña competente es increíblemente importante (la primaria invisible, ¿recordáis?), puede ser un factor importante.

Pete Buttigieg:

Un tipo que espero que pierda porque deletrear su apellido es un rollo, pero que merece al menos un poco de atención aquí. Pete es el alcalde de South Bend, Indiana desde hace siete años; es jovencísimo (37 años), sólidamente progresista y abiertamente gay.

Habitualmente a alguien como Pete le pondría en el cajón de colgados quijotescos en unas primarias, pero es bastante mejor que eso. Primero, es muy bueno en esto de hacer política; es de los pocos políticos ahí fuera que sinceramente me gusta escucharle cuando habla. Segundo, es algo así como la encarnación hecha alcalde del lado milennial-hipster del partido, es muy progresista, y sabe venderse muy bien. Tercero, porque el tipo con 37 años tiene una hoja de servicios descomunal (Harvard, Rhodes Scholar, veterano de Afganistán, alcalde). Cuarto, porque es tan superfan de Bernie Sanders que escribió un trabajo cuando estaba en el instituto sobre el coraje político de Bernie Sanders.

En contra… bueno, a ver, es el alcalde de una ciudad medianeja de Indiana. South Bend no es exactamente Pawnee, pero Leslie Knope no deja de ser un personaje de ficción. Es alguien que me gusta mucho y que si consigue centralizar el voto sanderista quizás llegue lejos, pero es dudoso que saque gran cosa.

Bernie Sanders:

Hablando de Bernie, el senador de Vermont aún no ha confirmado si va a presentarse o no. A estas alturas Sanders es un viejo conocido del público y crítica; populista de toda la vida, directo, carismático del mismo modo que el abuelete que dirige la asociación de vecinos es carismático, Bernie es alguien que no habla como un político, y es apreciado por ello.

En su contra… bueno, para empezar, Sanders perdió el 2016, y los demócratas, al contrario de los republicanos, no son de dar segundas oportunidades. Tiene 77 años, quizás demasiado viejo para la presidencia, y en el último ciclo tuvo serios problemas conectando con los votantes no-blancos del partido, y no parece haber mejorado en esto en absoluto. Bernie me cae muy, muy bien, pero me temo que representa una facción limitada dentro del partido; en el último ciclo sacó buenos resultados porque no competía con nadie más por el voto anti-Hillary, pero en unas elecciones con muchos populistas creíbles será difícil que pueda llegar a esos niveles de apoyo.

Beto O´Rourke:

Ex-congresista por Texas, ex-candidato fallido a senador en Texas, joven (46 años), y con un aire que recuerda muchísimo a Robert Kennedy, Beto es uno de los políticos de moda este ciclo. Me temo, sin embargo, que la Betomania es un poco prematura.

Sí, es un político excelente, y sí, estuvo muy, muy cerca de derrotar a Ted Cruz el año pasado. Sí, da discursos estupendos y tiene esa honestidad extraña y sin complejos que tenía Bobby Kennedy. Pero vamos, ha sido congresista cuatro añitos; tiene una experiencia limitadilla en negocios y una carrera mediocre como músico punk. Pasar de ahí a la presidencia del país más poderoso de la tierra es un salto gigantesco. Incluso Obama en el 2008, tenía bastante más experiencia profesional y política.

Tengo la sensación que O´Rourke lo sabe, y por eso aún se está pensando si se presenta o no. Lo que muchos le piden (y creo que es mejor alternativa) es que vez de seguir la ruta de Obama a la presidencia, siga la de Lyndon Johnson, otro tejano que perdió unas primarias al senado en 1941 para ganar al segundo intento en 1948. A John Coryn, el otro senador de Texas, le toca ganarse la reelección el 2020, y O´Rourke sería el candidato perfecto para derrotarle.

O´Rourke, por cierto, dista mucho de ser un candidato progresista puro; ideológicamente es bastante moderado.

¿Quién queda?

Aunque parezca mentira, un buen puñado de candidatos, que dejaré para un tercer artículo. Quedan unos cuantos posibles que pueden tener algunos números para hacer ruido (Bloomberg, Eric Holder, Michael Bennett y Jeff Merkley, que no están en la lista arriba porque aún no han confirmado si se presentan), unos cuantos tipos con dudas que no son descabellados (Jay Inslee, Steve Bullock, Terry McAuliffe, John Hickenlooper), y varios casos perdidos (Bill De De Blasio, Tulsi Gabbard, John Delaney, Andrew Yang).

Y, como no, queda mi categoria favorita, los 10-12 tipos que emergen cada año que están genuinamente chiflados. La mejor, de lejos, es Marianne Williamson, consejera esperitual de ricos y famosos y mujer que se autoproclama “la perra de Dios”. Estados Unidos, en algunas cosas, nunca defrauda.



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