“Sólo los mediocres se rinden. Nosotros somos grandes: resurgiremos”. Así rezaba una pancarta en el fondo sur del Vicente Calderón durante los dos años que el equipo pasó en Segunda División. Ayer, mi hermano, camino de Lisboa, me recordaba esa frase y durante toda la víspera del partido de final de Champions pensé que, pasase lo que pasase, al final mi equipo, el Atlético de Madrid, tenía la fuerza de los que saben sufrir, de los que saben levantarse tras la caída, de los que encuentran cómo hacer lo negro blanco.

Ahora, después de haber tocado el cielo con las manos en forma de Copa de Europa y de haberlo perdido en un minuto, con lo más difícil hecho, escribo la crónica que nunca me hubiese gustado escribir, pero con la que puedo acallar a mis fantasmas. Lo que a priori era un regalo, sólo jugar la final, al final se convirtió en un caramelo amargo, por eso de haber tenido el triunfo en la mano y de haberlo dejado escapar por tan poco… Por ese minuto de más, por esa falta de concentración en el saque de esquina que materializó Ramos. Cuarenta años después la historia se repetía cruelmente para el Atleti… gol en contra en el último minuto que fuerza, esta vez, una prórroga que deja un resultado sonrojante.

Ya de poco vale pensar que quizá el Atlético mereció ganar, porque no lo hizo. En fútbol ganan siempre los que lo merecen porque marcan, por lo menos, un gol más. Pero no voy a permitir que esta decepción empañe todo lo hecho durante esta temporada, que ha sido muy grande. Campeones de Liga, subcampeones de Copa de Europa, semifinalistas de la Copa del Rey. Hace tres años el Atlético de Madrid era un equipo con más historia que futuro, siempre luchando por salir de esa zona media que no es tierra de nadie y con una afición que casi daba gracias por poder ganar algún partido al Barcelona. Lo de hacerlo con el Real Madrid era misión imposible.

Y con la llegada de Simeone, todo eso cambió. Su mentalidad ganadora inundó los cimientos del Calderón y el equipo empezó a creérselo. Y ahí está la clave de todo el éxito: creérselo. Cuando creemos que somos capaces de algo, al final lo conseguimos, aunque  no sea a la primera. Las cosas nunca llegan por casualidad y la suerte, como decía Picasso de la inspiración, tiene que pillarte trabajando. Como le ha pasado al Atlético de Madrid. A veces sólo hace falta un empujón, pero en la mayoría de los casos nosotros mismos somos conscientes de nuestro potencial, el que nos hará obtener la victoria.

Hoy, “desde la distancia”, sólo me queda felicitar al campeón: el Real Madrid ya tiene su ansiada décima. Pero sobre todo, felicitar a todos los atléticos. Por haber tenido fe, por saber que antes o después comenzaría a trabajarse bien y por saborear esta derrota como lo que es, una victoria encubierta. Habrá más finales. Y algunas se ganarán.

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María E. Vicente

Casi un año viviendo en Londres que ha dado para mucho... sobre todo para darme cuenta de lo diferentes que son algunas cosas fuera de España. "Desde la distancia" se aprecian otros matices y esos son los que pretendo contar desde este espacio.

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