Unos padres han dado toda una lección de solidaridad al mundo. Su bebé venía con una enfermedad terminal que haría que muriera a los días de nacer, y en vez de abortar decidieron seguir adelante con el embarazo para poder ayudar a otras familias.

A las 18 semanas de embarazo los médicos le dieron a Krysta Davis, la madre, la terrible noticia: su hija tenía anencefalia, un defecto de nacimiento grave que significaba que nacería sin partes de su cerebro.

La condición de su pequeña era inviable con la vida, y los médicos le dijeron que moriría a los días de nacer. Aun así tanto Krysta, de 23 años, como su marido Derek, de 26 años, decidieron continuar y que los órganos de su hija sirvieran para ayudar a otros bebés.

La madre ha concedido un entrevista a The Sun para dar su testimonio: “La fuerza durante el embarazo vino de ella, hicimos todo lo que pudimos hacer como la mayoría de los padres. Sabía que tenía que ser feliz durante todo el embarazo por ella, no tenía sentido pasar por eso cuando teníamos tan poco tiempo juntos”.

“Fue increíble sentir su patada, no sabía si se movería, pero se movía mucho. A medida que avanzamos en el embarazo, ella se movía más y más, podía ver sus pequeños pies moverse sobre mi vientre. Durante nueve meses me enamoró pero no era nada comparado con abrazarla y verla, no podía ver nada malo en ella cuando nació”, explica Krysta.

La pequeña Rylei Arcadia nació viva y sobrevivió milagrosamente durante una semana. Su corta vida le ha dado a otros dos bebés una oportunidad de vida, después de que sus órganos vitales fueran donados.



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