La transformación digital no es una práctica nueva en los servicios de TI, sin embargo, con la digitalización de los productos y servicios se ha convertido en un elemento cada vez más importante y prioritario para las organizaciones

Tanto si nos hallamos creando o gestionando sobre la marcha mediante microservicios, modelos de serveless computing o contenedores de software y API, lo digital rige todo lo que encontramos a nuestro alrededor.

Desde las operaciones de TI, la prestación de servicios y la gestión de activos hasta la composición fundamental de los principales productos y soluciones de una empresa: todo se ha subido —o se está trasladando— a la nube.

Esto conlleva, por un lado, la necesidad de hacer malabarismos con los sistemas heredados mientras se adaptan, en la medida de lo posible, al nuevo entorno cloud y, por el otro, la necesidad aún mayor de ofrecer visibilidad en tiempo real para poder supervisar elementos como la seguridad, el cumplimiento normativo, las herramientas de software y hardware.

También el fin de la vida útil y los riesgos en materia de cumplimiento vitales para la infraestructura con el fin de garantizar el funcionamiento de las empresas modernas de hoy en día, a pesar de la complejidad añadida que conllevan los cambios que resulta imprescindible realizar.

Para que esta transformación digital tenga éxito es necesario contar con una base digital sólida. Si bien la transformación de TI es compleja por su propia naturaleza, el punto de partida para adoptar la revolución digital seguirá siendo el de siempre: la base de datos de gestión de configuraciones, o lo que se conoce como CMDB (Configuration Management Database).

A lo largo de historia, la CMDB ha sido erróneamente percibida como una herramienta informática más. Considerada como un lugar donde archivar toda la infraestructura informática, el software, las aplicaciones y los activos, la CMDB no solía estar entre las principales preocupaciones empresariales en términos de sistemas más relevantes. No obstante, con la transformación digital que estamos viviendo surgen nuevas necesidades y perspectivas que nos obligan a revisar la percepción del valor que otorgamos a la CMDB.

En una era en la que los datos se han convertido en uno de los activos empresariales más importantes, útiles y valiosos a la hora de gestionar de forma eficiente tanto las experiencias de los empleados como las de los clientes.

La Configuration Management Database ya no es un simple almacén de datos y se ha convertido en lo que podríamos definir como una oportunidad de oro para las organizaciones.

La clave ahora está en entender cómo abordar este profundo cambio y hacer que las empresas den prioridad a su CMDB, convirtiéndola en parte integral de sus operaciones de transformación digital de TI.

La CMDB, una herramienta informática para la transformación digital TI

Para conseguirlo, el primer paso es asegurarse que la CMDB no sea un simple cajón de sastre donde se almacenan enormes cantidades de datos, sino que la información que se incluye en esta base de datos sea de gran valor añadido para el negocio en su conjunto.

El objetivo es que la CMDB se convierta en una prioridad para la empresa y, para conseguirlo, es fundamental que se impulse un verdadero cambio de percepción basado en la formación en el ámbito corporativo, de manera que las empresas y sus directivos comprendan el valor de los datos, cuáles son los recursos y equipos conectados.

En definitiva, alimentar una CMDB con datos o elementos de configuración (en inglés, CI) y vínculos por sí solo no tiene un valor específico.  El verdadero valor añadido de este almacén de datos proviene de los procesos que soporta o las decisiones que se pueden tomar a partir de él.

En otras palabras, para que la CMDB de una organización sea como una fuente de energía dentro de su infraestructura de TI, la clave está en comprender qué valor añadido se quiere extraer de la CMDB para poder definir su rumbo a seguir específico.

Autor: Lisa Wolfe,  Senior Product Marketing Manager de ServiceNow

 



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