Ha vuelto a pasar. Otro joven muere después de precipitarse desde un balcón tras una noche de fiesta en Magaluf, Mallorca. De nacionalidad danesa, la policía tardó varias horas en identificarle: no llevaba documentación, no estaba alojado en el hotel desde el que cayó al vacío y nadie lo reclamó. El pasado 9 de julio un joven británico moría en las mismas circunstancias. Desgraciadamente este tipo de noticias se suceden verano tras verano en puntos “calientes” de nuestras costas y siempre se me pasa por la cabeza la misma pregunta, ¿todo vale en vacaciones?

También hace pocas semanas asistía, “desde la distancia”, a la vergüenza nacional que para el Gobierno británico suponía el comportamiento de sus ciudadanos más jóvenes en los lugares españoles más demandados para pasar unos días de “sexo, drogas y… lo que salga”. La imagen dio la vuelta al mundo gracias a las redes sociales. Chica británica, ataviada con muy poca ropa y con síntomas de haber bebido mucho más de lo que su cuerpo podía tolerar, no deja de dar vueltas por una discoteca buscando a cualquier chico que se dejase hacer una felación rápida. Todo por una copa más. Lo lamentable es que la chica seguro que tenía dinero encima para pagarse esa y todas las fiestas que tocasen durante la semana loca que iba a pasar en Magaluf.

Tanto el Gobierno balear como el británico decidieron después de este “incidente” poner manos a la obra para evitar que los promotores de las discotecas usen el sexo como reclamo para llenar sus locales. Ya ni siquiera se molestan en poner a Gogo’s escultóricos bailando y moviéndose con aire provocador y con licencia para tocar. La última moda es que las chicas más lanzadas, o más borrachas, o más drogadas, “se paguen una barra libre” a cambio de sexo rápido, rapidísimo, y a la vista de todos. ¿Todo vale en vacaciones?

El Gobierno balear, como también el catalán que vive su historia en lugares como Salou o Roses, quiere evitar a toda costa que la imagen de su turismo se asocie al salvajismo y la bacanal continuas que ahora no pueden quedar bajo la alfombra por la entrada en escena de los smart phones y la manía de todo el mundo de viralizar cada experiencia. Al hilo de esto, algunos foros “defendían” la presencia de estos jóvenes, la mayoría británicos, con ganas de marcha y de romper todos los límites civiles, morales y casi legales, alegando que dejan en la zona pingües beneficios. ¿Todo vale en vacaciones por unos euros?

El Gobierno británico, por otro lado, ya no puede mirar para otro lado y no tiene reparos en decir que está avergonzado por la actitud de sus jóvenes y que algo está funcionando realmente mal cuando hordas de ellos -que en algunos casos no llegan a tener 20 años- no tienen más visión de futuro vacacional que beber, beber, volver a beber, consumir alguna droga, y practicar el sexo sin control, sin discriminación y me atrevería a decir que casi sin ganas. El país sabe que tiene un problema con el consumo de alcohol, que si dentro de sus fronteras se hace evidente en la puerta de cada pub, fuera de ellas tiene consecuencias más graves: accidentes, altercados y, no menos importante, la falta de respeto por uno mismo y por los demás.

Un país donde el 75% de las muertes por consumir sustancias nocivas son debidas al alcohol, donde la tolerancia al consumo del alcohol es muy alta y dónde beber no es un acto social, sino un fin en si mismo con un objetivo final: emborracharse, debería tomarse muy en serio este problema. La luces de alarma llevan tiempo sonando y las tertulias en radio donde se habla de ello son habituales. Por parte de las autoridades se llevan a cabo programas de concienciación para los jóvenes, pero es muy difícil nadar contracorriente. Muchos jóvenes toman su primera copa con sus padres, en la fiesta de graduación de Secundaria.

Y aquí tampoco nos libramos de noticias escabrosas relacionadas con el consumo excesivo del alcohol. Hace un mes y medio un chico y una chica de 17 años morían tras precipitarse desde el balcón de un sexto piso. Participaban en una fiesta de fin de curso y decidieron hacer el amor en la barandilla del balcón. Durante lo que llevamos de curso ya han sido tres los jóvenes que han muerto en fiestas estudiantiles después de someterse a “desafíos” en los que bebían litros de alcohol en minutos. Hace pocos días un chico de 16 años seguía bailando en una rave ilegal pese a haberse amputado el dedo de una mano después de intentar saltar una valla. ¿Qué importa un dedo si he conseguido 24 horas seguidas de música, alcohol y drogas?

Esta claro que estos comportamientos no son más que un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Lo quiero y lo quiero ya. Me divierto y lo hago hasta las últimas consecuencias. ¿El mañana? Ya pensaré sobre ello entonces. Al más puro estilo James Dean, “vive deprisa, muere joven y haz un bonito cadáver”. Todos tenemos mucho sobre lo que pensar cuando vemos que los valores que quedan impresos en nuestros jóvenes tienen más que ver con esto que con marcarse metas, tener un proyecto de futuro, tener afán de superación, tener empatía, saber vivir en comunidad y saber lo que significa ser parte del grupo… y, por supuesto, saber divertirse.

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María E. Vicente

Casi un año viviendo en Londres que ha dado para mucho... sobre todo para darme cuenta de lo diferentes que son algunas cosas fuera de España. "Desde la distancia" se aprecian otros matices y esos son los que pretendo contar desde este espacio.

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