Los videojuegos cada vez extienden una influencia más evidente en el ecosistema siempre cambiante de la cultura popular, pero todavía la mayoría de sus símbolos y personajes resultan impenetrables para el gran público. Uno de los pocos que consiguen traspasar estos compartimentos, por lo demás estancos, es precisamente el rechoncho fontanero de Nintendo. Durante la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro en 2016 el entonces primer ministro Shinzo Abe, recientemente dimitido por complicaciones con una colitis ulcerosa, apareció en escena con una gorra de Mario para recordar a todo el mundo la cita que tenían en Tokio dentro de cuatro años, un evento que al final ha tenido que ser pospuesto por la crisis desatada por la pandemia. El Super Mario Bros. original, lanzado en septiembre de 1985 para la Nintendo Entertainment System (conocida como Famicom en Japón) fue una de las claves del éxito arrollador de la compañía japonesa, y quizá el mayor responsable de que la industria no se fuera al garete después de todos los desmanes de Atari. El juego fue uno de los primeros en utilizar un equipo compuesto por perfiles especializados, y escribió muchas de las reglas y el lenguaje que el medio utilizaría a partir de entonces, haciendo una apuesta clara por la calidad de la experiencia jugable a pesar de las extremas limitaciones de la tecnología de entonces.

Shigeru Miyamoto, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2012 y principal artífice del juego, se aseguró un puesto de relevancia dentro de la compañía y dirigió también el paso de las dos dimensiones, donde llevaron el género de plataformas a su última expresión, a los mundos tridimensionales, con todos los desafíos asociados. La colección que Nintendo acaba de sacar para la Switch reúne tres de los juegos lanzados en este espacio, de tres consolas y épocas diferentes, lo que explica el aspecto estético tan dispar entre los lanzamientos. Los juegos son Super Mario 64 (1996), Super Mario Sunshine (2002) y Super Mario Galaxy (2007). De manera incomprensible han dejado fuera Super Mario Galaxy 2 (2010). Los tres juegos siguen una estructura bastante parecida, con un mundo que conecta con diferentes niveles separados donde el objetivo es reunir una serie de coleccionables (estrellas o soles). Esto, que en apariencia resulta muy sencillo, permite a los diseñadores dedicarse a crear ingeniosos puzles y misiones que saben combinar la habilidad a los mandos con ciertas dosis de pensamiento lateral. Lo realmente fascinante es cómo los diseñadores nunca se duermen en los laureles, dándole sucesivas vueltas de tuerca a las mecánicas para sacar el máximo partido a conceptos en apariencia simples pero que se terminan revelando como instrumentos polifacéticos con mucho recorrido.

Super Mario 64 fue uno de los primeros juegos que Nintendo hacía en tres dimensiones y un título de salida para la Nintendo 64. Aquella época estuvo plagada de experimentos, muchos fallidos, de desarrolladores que necesitaban volver a aprender todo lo que creían que sabían sobre el oficio. Miyamoto dio un primer paso de gigante, otorgando soluciones creativas a muchos de los problemas inherentes al cambio de paradigma. A pesar de que ha pasado casi un cuarto de siglo, el juego se puede jugar perfectamente, si bien Nintendo se ha limitado a hacer una traslación directa sin apenas cambios sustanciales. Por ello el formato sigue siendo 4:3, y las texturas son tan borrosas y poseen tan poco detalle que pueden llegar a desorientar.

Super Mario Sunshine está diseñado en torno al ACUAC, una pistola de agua gigante que Mario lleva a la espalda y le sirve para limpiar la contaminación de Isla Delfino y también para flotar en el aire durante unos breves segundos. El juego fue lanzado para la Gamecube y arrastra la fama de ser uno de los títulos de la saga menos conseguidos, si bien todavía sobresaliente. El principal problema son la cámara y los controles, que parecen conspirar para volver loco de frustración al jugador en los momentos más peliagudos. El juego exige por momentos una precisión milimétrica, pero al mismo tiempo se empeña en ocultar la acción con ángulos de cámara absurdos, que se alejan demasiado o interponen parte de la geometría del nivel de por medio, haciendo que los desafíos sean más complicados de lo que deberían. El juego también apuesta por una clara falta de dirección en los objetivos, si bien es algo que anima a explorar y experimentar en los diferentes niveles, incentivando la curiosidad del jugador con pequeños enigmas repartidos por un mundo diseñado como un enclave vacacional donde Mario es condenado a prestar servicios a la comunidad por las acciones vandálicas de un impostor.

Super Mario Galaxy para la Wii es probablemente el mejor juego de los tres y el que mejor ha soportado el paso del tiempo, aunque también es el más reciente por lo que no es tan extraño. El concepto base es la gravedad de los cuerpos celestes por los que se mueve Mario, pero es solo el principio en un festival de ideas que asalta al jugador con un ritmo constante, maravillándolo con lo ingenioso de sus sorprendentes niveles. El juego tiene un acabado audiovisual de ensueño, con estética colorida que esconde las limitaciones técnicas y una banda sonora sinfónica capaz de hacer sentir al jugador el vértigo de los viajes espaciales de Mario. Nintendo ha ajustado los controles para adaptarlos a las diferentes opciones que ofrece la Switch, permitiendo un manejo superlativo en todas las situaciones.

Más allá de los poco cambios efectuados a los juegos, sobre todo a los dos más antiguos, que se podrían haber beneficiado de un trabajo más extenso de remasterización (como si han hecho otras sagas como Spyro o Crash Bandicoot), la mayor polémica suscitada por esta colección es su disponibilidad limitada. Nintendo ha decidido poner a la venta Super Mario 3D All-Stars solo hasta el final del presente año fiscal, que acaba el 31 de marzo de 2021. Después de esa fecha el juego será retirado tanto de las tiendas físicas como de la propia tienda digital de Nintendo, un movimiento que puede entenderse como una manera de poner énfasis en la celebración del trigésimo quinto aniversario o como una forma de crear demanda artificial del título, algo que beneficia a la reventa y a la propia compañía, que podrán volver a usar esta carta cuando llegue el próximo aniversario señalado. Lo que no se explica de ninguna de las maneras es la ausencia de Super Mario Galaxy 2, algo que habría completado el recopilatorio y cuya ausencia provoca una sensación de vacío que mancilla el resultado final. Nadie puede dudar de la calidad general de los títulos que aquí se han reunido, pero Nintendo podría haber dedicado más recursos a hacer de esto algo especial en un año donde solo las ventas millonarias y absurdas de Animal Crossing: New Horizons les están manteniendo en el candelero, pero que realmente les ha relegado de la cátedra de diseño jugable y experimentación de la que suelen disfrutar.

@borjavserrano





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