La maldición del cómico, ese don que permite hacer reír a los demás pero no a uno mismo, también ha recaído en Robin Williams. El actor y cómico que marcó a toda una generación del cine con sus muecas, sus imitaciones y sus aspavientos no pudo superar la depresión en la que se había sumido y que le llevó a estar ingresado en el pasado mes de julio.

Williams fue hallado muerto el pasado lunes en su casa de Tiburón en California, después de haberse ahorcado él mismo con su cinturón. La policía del condado de Marin ha informado de que el intérprete de 63 años primero intentó quitarse la vida cortándose las venas tal como muestran varios cortes en sus muñecas y un pequeño cuchillo en la habitación, pero la causa final fue la asfixia al colgarse de un armario con el cinturón.

Finalmente fue su propia voluntad lo que le quitó la vida y no las drogas y el alcohol a las que había sido adicto y por las que necesitó pasar por rehabilitación numerosas veces. La primera de ellas en 1982 cuando la muerte de su gran amigo y actor John Belushi le puso sobre aviso de lo que la cocaína era capaz de hacer. La última, en el año 2006 por el alcohol, en el que se había refugiado para superar una depresión continua que tan sólo se vio amainada con el nacimiento de su hija Zelda, tal como confesó en una entrevista en 2011.

Sin embargo, a pesar de no tener fuerzas para luchar contra una depresión que no le abandonaba, irónicamente Williams sí que ayudó a otros a superarla. Como a su gran amigo y compañero de universidad, Christopher Reeve que contaba la anécdota de que cuando se iba a someter a una difícil operación para intentar recuperar las vértebras del cuello que le habían dejado tetrapléjico después de rompérselas en un accidente a caballo, apareció en la habitación del hospital un médico muy raro y con acento ruso que intentó hacerle una colonoscopia. Por supuesto era su gran amigo, que consiguió que Reeve volviese a reír por primera vez después del accidente.

Considerado uno de los grandes actores tanto en el personal como en lo profesional por sus compañeros de profesión, fue infravalorado a lo largo de toda su carrera por la Academia de Cine, que sólo le nominó en tres ocasiones por papeles dramáticos, otorgándole el Oscar a Mejor actor de reparto en 1997 como forma de aliviar las ansias del actor por la estatuilla y sin premiar la verdadera e inigualable capacidad de Williams, hacer reír.

De todas las condolencias llegadas desde Hollywood cabe destacar la de Matt Damon y Ben Affleck, sus dos jóvenes compañeros que compartieron con él la alegría del Oscar gracias a la magnífica ‘El indomable Will Hunting’.

“Con el corazón roto. Gracias jefe, por tu amistad y por todo lo que le diste al mundo. Robin tenía toneladas de amor en él. Hizo mucho por mucha gente. Hizo que mi sueño y el de Matt se hiciese realidad. ¿Qué le debes a un tío que ha hecho eso? Todo. Ojalá encuentres paz, amigo mío” escribía Affleck en su Facebook.

Damon, en cambio, prefirió hacerlo a través de un comunicado que decía así: “Robin trajo mucha felicidad a mi vida que llevaré conmigo para siempre. Era un hombre maravilloso, fui muy afortunado de conocerle y nunca me olvidaré de él”.

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Piedad Milicua

Piedad Milicua

Estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual casi graduada. Ojalá mi vida fuese una novela que se adaptase al cine
Piedad Milicua

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