Lucas tiene 3 añitos. Hoy es su primer día en “el cole de mayores”. Le lleva de la manita su abuelita, por la mañana temprano. Ni mamá ni papá…; la abuelita. “Hace un año que papi ya no vive en casa. Hizo algo malo. Y mami lloró mucho. Hasta que un día solicitó el divorcio y un juez le otorgó mi custodia”, nos explicaría Lucas si su léxico se lo permitiera. Decir que la comunicación no es fluida entre sus padres sería bastante eufemístico. En realidad hay muy mal rollo y papá tiene “prohibido” acercarse por el cole de Lucas. Pero él está muy emocionado e ilusionado porque va a hacer un montón de amiguitos nuevos. Precisamente ahora la profe les está pidiendo que se presenten al resto de la clase diciendo su nombre y qué es lo que les más les gustaría ser de mayores. Es su turno:

  • ¡Hola, soy Lucas! Y de mayor quiero ser un buen papá… ¿En este cole se enseña a ser un buen papá…?

Seguramente haya pocas cosas tan sencillas para un hombre como participar en la gestación de un hijo (¡pues será en tu caso, macho!, pensará socarronamente alguno). Paradójicamente, es muy probable que no haya nada más difícil para ese mismo hombre que llegar a ser un buen padre para su hijo.

Un gran paso para el hombre; otro pequeño paso para la humanidad. Pocas decisiones hay tan transformadoras e irreversibles en la vida de un varón como iniciar la senda hacia la paternidad (también para la mujer con respecto a la maternidad, por supuesto. Pero con el permiso de las féminas, y mientras el editor lo permita, semanalmente dedicaremos este espacio a una reflexión que habitualmente no se hace: desentrañar la paternidad estrictamente desde el punto de vista masculino).

Un oficio este, el de ser padre, que tras milenios de evolución, después de billones de experiencias prácticas y dada la importancia esencial en la perpetuación de toda nuestra especie, uno podría pensar que debería estar absolutamente proyectado, analizado y desmenuzado en todas sus vertientes. Por muy peregrino que pudiera ser un caso concreto, no sería del todo locura imaginar una suerte de centro de documentación y divulgación sobre la paternidad donde los padres (presentes y futuros) ávidos de conocimientos pudieran buscar antecedentes en los que basar su defensa.

Como en las pelis de abogados, sería de gran alivio (y ciertamente ilustrativo) hallar en estas fuentes antecedentes similares a nuestro caso. Quizás nos ayudaría a no sentirnos tan desubicados, tan desamparados, tan solos… Quizás habría quien encontrase algún alegato tras el que escudarse cobardemente; mas con certeza la mayoría acudiría a él en busca de posibles soluciones… Pero lo que es innegable es que el varón curioso (y la sociedad en su conjunto) cruzarían ese Rubicón con una información bastante más precisa de lo que les aguarda en la otra orilla.

En este centro de documentación y divulgación sobre la paternidad, podríamos, si ese fuera el deseo de sus usuarios, dar respuesta a cuestiones del tipo “cómo ayudar a mi hijo recién nacido a eructar”, o “consejos para el baño y el cambio de pañal”… Sin embargo, a mí personalmente me encantaría indagar sobre qué fue lo que a Tomás F.D. le llevó a sentir que, desde que naciera su hijo, no había lugar para él en su propia casa y de qué forma lo solucionó (si es que lo hizo), o sobre cuántos hombres antes que él experimentaron algo semejante. También me acercaría por allí a comprobar si hubiera algo en relación con el extraño caso de Alfredo I.B., cuya relación de pareja dejó de funcionar sexualmente tras la venida al mundo de su hija, y si fue esta la causa de su posterior divorcio o, por el contrario, más bien la consecuencia de tropiezos anteriores.

En mi fantasía no solo localizo sus expedientes, sino que hallo centenares, miles quizás, de casos análogos: varían los prolegómenos, no coinciden los desenlaces…, pero soy capaz de identificar infinidad de puntos en común: ¡hay material de sobra para trabajar! Indagando en su fecundo archivo, encuentro concienzudos estudios que van más allá de la fría estadística del INE que parece conformarse con señalar que uno de cada dos matrimonios con hijos se divorcia antes de que el primogénito cumpla los tres años de edad, para analizar los orígenes de este escalofriante dato y aportar soluciones.  En mi ensoñación transcurren los años y los siglos y, gracias a este repositorio documental, cada hornada de padres es mejor que la anterior, con cada generación aumenta el nivel de concienciación, de responsabilidad y de compromiso para con la paternidad. Lo que posibilita a su vez una mayor evolución de la especie (esto ha sido recientemente demostrado por las neurociencias; por favor, recordadme que algún día tratemos este asunto como se merece), al aumentar las probabilidades de que los niños vivan una infancia realmente confiada y feliz, previniendo grietas en la unidad familiar que comprometan su desarrollo pleno, y garantizando así que el verdadero departamento de I+D de la raza humana, funcione a pleno rendimiento.

Incomprensiblemente, este centro de documentación y divulgación sobre la paternidad (aún) no existe. Al menos no en España. ¿Acaso no hay un líder social que alcance a apreciar el cambio cualitativo que podría suponer? ¿Acaso se teme que no haya suficientes potenciales usuarios como para justificar su fundación? ¿O es que acaso hemos de inferir que su inexistencia responde a algún interés espurio por que sigan jugando en primera categoría equipos de padres sin entrenar? Una vez más me encomiendo a vuestra paciencia y colaboración para tratar de dar respuesta (o similar) a estas y otras muchas cuestiones relacionadas con la paternidad en esta columna semanal, así como a través de la página de Facebook de Padres Borrosos.

¡Muchas gracias por vuestra atención!

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Ruben Chacon
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Ruben Chacon

Mi objetivo es hacerte reflexionar at Padres Borrosos
Rubén Chacón se dedica desde hace más de 15 años a la comunicación (como periodista y publicista) y la divulgación (como docente y conferenciante). En lo que concierne a su faceta de escritor, además del libro EL SORPRENDEDOR (Temas de Hoy, 2011), es autor de numerosos artículos, relatos y ensayos.

Desde hace un lustro explora las posibilidades pedagógicas y de toma de conciencia de la gamificación (a través de los juegos de mesa principalmente). En este ámbito, es creador, entre otros, de Calentamiento Global, WannaBee y SORPRENDEDORES, su obra más conocida, desarrollada junto a Sergio Fernández, de la que se vendieron más de 5.000 ejemplares sólo en 2012.

Pero si hay algo en lo que Rubén es experto es en paternidad, relaciones de pareja e inteligencia emocional. Más de dos décadas de vuelo junto a Elsa Molina, compañera de su vida, madre de sus dos hijos y socia co-fundadora de PADRES BORROSOS, así lo atestiguan.

PADRES BORROSOS es un proyecto para parejas con hijos (o que están pensando en tenerlos) sin miedo de redefinir sus propios contornos. Bajo el lema: "Cuando los hijos realmente son lo primero, todo lo demás, obligatoriamente ha de ser secundario", Elsa y Rubén proponen alternativas para conciliar la felicidad personal y la de la pareja con el bienestar de la unidad familiar.
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