Un virus es un microorganismo infeccioso y muy pequeño. Más pequeño que una célula, si bien su daño puede ser enorme. Hay virus que están emergiendo en el continente europeo y de los que poco se conoce, no hay vacuna para humanos y, además, pocas investigaciones en curso. Uno de estos ejemplos lo protagoniza el virus del Nilo occidental, presente en el sur de España como patógeno endémico desde 2010. Se conoce desde 1937.

Según describe la Organización Mundial de la Salud (OMS), puede causar una enfermedad mortal del sistema nervioso en los seres humanos, si bien el 80% de los infectados son asintomáticos. En el 20% restante provoca una enfermedad por lo general leve, pero en un pequeño porcentaje de casos da lugar a una afección muy grave del sistema nervioso, que puede ser letal.

Aunque se transmite a las personas principalmente por la picadura de mosquitos infectados, las aves son los hospedadores naturales del virus. Además, puede causar una enfermedad grave en los caballos. A diferencia de los humanos, para los equinos sí existe una vacuna.

Miguel Ángel Jiménez-Clavero, investigador y científico del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) explica que este virus se conoce desde que en 1937 tuviera lugar su primera identificación.  Así, indica que se tienen indicaciones de que “hubo un salto” ya en los años 50 o 60 hacia la zona del Mediterráneo y la Europa meridional, dando lugar a varios brotes infecciosos en Portugal y en Francia. Tras un silencio de varias décadas, reapareció en el Mediterráneo a finales del siglo XX.

Actualmente, este patógeno infeccioso se encuentra en África, Europa, el Oriente Medio, América del Norte, Asia occidental y Oceania.

Según explica el investigador, el virus mantiene un ciclo que parte de las aves, los reservorios de la enfermedad, y después pasa al mosquito. “Va de mosquito a ave, y al revés. A veces el ciclo se “desborda” y pasa por ejemplo a humanos o a mamíferos, como los caballos, donde puede ser grave”, señala el especialista en virus en animales. Sin embargo, ni los caballos ni los humanos transmiten la enfermedad. 

Cuadro clínico

La OMS recoge que la infección por el virus del Nilo Occidental es asintomática en aproximadamente un 80% de las personas infectadas. En ese 20% de infectados y con síntomas por este agente patógeno presentan la fiebre del Nilo Occidental, que se caracteriza por fiebre, dolores de cabeza, cansancio, dolores corporales, náuseas, vómitos y, a veces, erupción cutánea (del tronco) y agrandamiento de ganglios linfáticos.

Asimismo, los síntomas de afección grave (también llamada enfermedad neuroinvasora, como la encefalitis o meningitis del Nilo Occidental o poliomielitis del Nilo Occidental) son dolores de cabeza, fiebre elevada, rigidez de nuca, estupor, desorientación, coma, temblores, convulsiones, debilidad muscular y parálisis.

Se calcula que aproximadamente 1 de cada 150 personas infectadas llegan a padecer una afección más grave. No hay tratamiento específico, sino más bien de soporte. En los pacientes con afección neuroinvasora consiste en medidas de sostén, tales como hospitalización, administración de líquidos por vía intravenosa, apoyo respiratorio y prevención de infecciones secundarias.

La enfermedad del virus del Nilo Occidental puede presentarse en personas de cualquier edad, si bien los mayores de 50 años y las personas con inmunodeficiencia (por ejemplo, pacientes que han recibido trasplantes) tienen el mayor riesgo al respecto. El periodo de incubación suele durar entre 3 y 14 días.



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