Arranca en Apple TV+ la segunda temporada de ‘Para toda la Humanidad‘, una serie que debido al número de suscriptores de la plataforma, más reducido que el de competidores como Netflix o Disney+, no ha tenido todo el impacto que merecía. Sin embargo, su punto de partida no podía ser más sugestivo: ¿que habría pasado en los años sesenta -y por consiguiente, en toda la carrera espacial posterior- si los rusos hubieran llegado antes a la luna?

La respuesta inmediata es que el destino de la exploración del espacio habría sido muy distinto, pero esta serie visualiza meticulosamente todo el proceso en esta historia alternativa. La primera temporada nos contó las consecuencias del triunfo soviético, poniendo a Alexei Leonov en el satélite (que habría sido en nuestra realidad el primer ruso en la Luna si el proyecto no se hubiera cancelado). Pero la carrera espacial no se detiene ahí.

La NASA, inicialmente devastada, intenta tomar la delantera e imita algunos movimientos soviéticos para promover la carrera de minorías en su programa espacial. Cuando los rusos favorecen la carrera de mujeres cosmonautas, la NASA reacciona promocionando a mujeres y minorías étnicas, en contraposición a lo que pasó en la realidad. ¿Es el mensaje de la serie que de haber triundado inicialmente los rusos la NASA habría sido más igualitaria?

La conjetura es que la NASA (y la carrera espacial) habría estado en segunda posición, lo que habría impedido que se durmiera en los laureles. Y habría convertido la carrera espacial en una auténtica prioridad nacional para el país. Se trata de un matiz importante, ya que el apoyo popular a la carrera espacial permite que en esta segunda temporada, ambientada en 1983 durante el segundo gobierno de Reagan, la Guerra Fría en el espacio cobre importancia y la serie adquiera un matiz quizás más distópico.

NASA, años ochenta: la otra historia

En el arranque de la segunda temporada, la NASA se autofinancia gracias al negocio de las patentes y vivimos en unos ochenta algo más futuristas que los reales: hay video conferencia y correo digital (d-mail, lo llaman) muy similar al que disfrutamos hoy. Aunque con un toque retro, porque la música es en cualquier realidad pura papilla synthetizer, por lo que delata la banda sonora. En cualquier caso, y continuando los progresos vistos en la primera temporada, Margo Madison (Wrenn Schmidt) -primera mujer en Control de Misión-, es ahora la administradora de la agencia, algo que nunca ha llegado a pasar.

En esta segunda temporada descubrimos que las misiones espaciales están a la orden del día, y que la luna se disputa como un hipotético campo de tiro con la Tierra como blanco. Es decir, pura fantasía reaganiana. De momento, en el primero episodio una peligrosa tormenta solar inyecta las necesarias dosis de acción y tensión al episodio. Promesa, quizás, de una serie en que los viajes especiales se han convertido en costumbre, y por tanto tengamos más suspense y paseos por atmósfera cero que en la primera temporada. Por lo que sabemos, en ese sentido se orientará el final de la segunda temporada, que al parecer cede al espectáculo puro.

Hasta entonces, seguiremos centrándonos en la evolución de las familias Baldwin y Stevens, recuperaremos historias como la de Dani Poole, la primera astronauta afroamericana, y la Guerra Fría se caldeará. En cualquier caso, esta segunda temporada mantiene, por lo que hemos podido anticipar, el equilibrio entre el jugueteo crítico con la historia real, el drama de una carrera especial mediatizada por la política y una serie de misiones que difieren en parte o en todo de las que marcaron la historia auténtica.

Si te interesa la carrera espacial (la real), ‘Para toda la Humanidad’ es poco menos que una cita obligada. Engancharte en la segunda temporada es complicado porque hay demasiados puentes tendidos con la primera tanda de episodios que conviene conocer. Pero con la periodicidad semanal, este es el momento perfecto para recuperar los episodios emitidos y ponerse al día. Y si ya lo hiciste, puedes adentrarte sin miedo en la segunda temporada: es un auténtico regalo (con un giro ochentero de propina) para los devotos de la carrera espacial.



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