de la narrativa de las mariposas 
aprendí los entresijos de la belleza

de la fragilidad en el salto de los gorriones 
el mecanismo para la felicidad 

en el suelo dócil de los peces estaba
la memoria de todo un país 

supe de la libertad por las alas
de todas aquellas, sámaras y pétalos secos
briznas y pelusas diente león, que supieron volar
por encima de las alambradas

en el silencio, la indiferencia y las arcadas de la tolerancia 
se encuentran, dicen, en el alma de la lombricultura y en la necesidad de las moscas 

el
compromiso lo vi en las telas de araña

la
injusticia, en la extrema laboriosidad de las hormigas

la clave estaba en las escalopendras, ciempiés 
en los centollos y bueyes de mar
en las serpientes y los alacranes 
en las ratas del laboratorio y en el gato que maúlla por casa, también 
en el toro de piedra que decora las rotondas cuando entras a las ciudades de siempre
porque me pregunté por el amor, por dónde andaba el amor

el asco, el miedo y la tristeza permanecía en los urinarios y en las leyes del agua, en las epístolas del viento 
y con más evidencia en el postrero epitafio de la madre tierra

mercaderías, en cualquier caso, ordenanzas y panes de sal, altares
cauces y jirones de piel
reservas para la sed
tormentas de arena
y puñales y clavos clavados en mitad de las ambulancias, en sus campanas de hueso

lecciones de escarabajo después de todo
acarreando la mierda de unos y otros

de acá para allá y de allá para acá 

sintiéndote único, imprescindible 
en la inmensidad de un estercolero 

(Gsús Bonilla)




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