Pablo Casado durante la sesión de control de ayer al Gobierno en que se habló del máster de Pedro Sanchez

Pablo Casado está dispuesto a resistir. “Ni el máster ni mi carrera (profesional) me van a quitar de enmedio”, ha afirmado en conversaciones privadas sobre su futuro político según ha podido saber El Independiente de algunos de sus interlocutores. Sabe que la presión tras la dimisión de la ya ex titular de Sanidad Carmen Montón va a arreciar y, de hecho, el PSOE ha comenzado a exigir su dimisión en la que será una de los ejes de la estrategia socialista. Con el convencimiento de que su situación poco o nada tiene que ver con la de Montón ni con la de la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, su objetivo es resistir salvo que el Tribunal Supremo le siente en el banquillo de los acusados para un hipotético juicio oral.

Ese es el límite que se ha marcado el PP para contemplar, si quiera, la posibilidad de la renuncia de su jefe de filas aún en el caso de que resulte imputado para acudir a declarar en calidad de tal ante el TS. Aunque se saben en una posición comprometida -que a día de hoy es la misma que había cuando salió victorioso del XVIII congreso popular el pasado mes de julio-, los populares creen que el Supremo desestimará en breve el escrito que la juez Carmen Rodríguez-Medel ha elevado para pedir su imputación por los delitos de prevaricación administrativa y cohecho impropio.

La titular del Juzgado de Instrucción número 51 de Madrid defiende que Casado recibió de la Universidad Rey Juan Carlos “un regalo o prebenda sin mérito académico alguno”, salvo por su especial “relevancia política”. Es por ello que se le convalidaron 18 de las 22 asignaturas de las que constaba el curso, que no era habilitante, y no acudió presencialmente a las clases. El TS puede manifestarse al respecto entre finales de este mes y principios de octubre próximo.

Génova cree que el TS, que puede pronunciarse a finales de este mes, desestimará la imputación de Casado

Ahora corresponde a la Fiscalía del Supremo evaluar si admite o inadmite el caso, dado que es a este tribunal, dada la condición de aforado de Casado, ante el que debería comparecer como ocurrió en su momento, por ejemplo, con los ex presidentes del PSOE Manuel Chaves y José Antonio Griñán cuando eran uno diputado y el otro senador por el caso de los ERE de Andalucía.

Sin embargo, fuentes populares admiten que sería demoledor ver a su líder declarando ante el Supremo, cuestión de la que alertaron durante las primarias muchos de los partidarios de Soraya Sáenz de Santamaría que ahora se han integrado en la nueva dirección del partido y del Grupo Parlamentario.

Tras el trauma de la dimisión de la que era uno de los valores más emergentes del PP, Cristina Cifuentes, y la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de la presidencia del Gobierno, una nueva prueba de fuego de esa envergadura, y a las puertas de varias consultas electorales, podría hacer descarrilar la “era Casado” antes de arrancar.

Puede ser su principal adversario político, Albert Rivera, el más beneficiado de un debate político que bascula entre el máster del líder popular y la tesis doctoral del jefe del Ejecutivo. De momento, el líder del partido naranja ha preferido poner el acento en la segunda cuestión, que este miércoles sacó durante la sesión de control del Gobierno ante el indisimulable malestar de Pedro Sánchez que le acusó de convertir la política en “un lodazal”. De hecho fue este choque el que se llevó todo el protagonismo de la primera sesión de control tras las vacaciones de verano a pesar de que enfrentaba a Sánchez con el nuevo líder del Partido Popular.

Cifuentes, Huerta y Montón

No sería la primera vez que un dimisionario niega la mayor y se aferra al cargo. De hecho se ha visto en el caso de Montón, antes en el de Máxim Huerta y, de manera mucho más cruda, en Cifuentes, porque entre las primeras informaciones que apuntaron a las supuestas irregularidades de su máster hasta su abandono definitivo de la política pasó casi un mes. Una situación agónica que se llevó por delante la convención que los populares celebraron en abril pasado en Sevilla al situarla en el ojo del huracán. Pero en su caso fue un antiguo vídeo sobre la sustracción de unas cremas en un centro comercial las que le pusieron la puntilla.

 

 





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