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3 de junio de 2016. El mundo entero se viste de luto por el fallecimiento de uno de los referentes del deporte más importante de todos los tiempos, Muhammad Ali. Un boxeador que pasó de batallar dentro del ring a hacerlo por la lucha de los derechos civiles, por la igualdad. Cuatro años después de su muerte, EEUU y el resto del planeta estallan en revueltas tras el asesinato de George Floyd a manos de la Policía.

Muhammad Ali no nació bajo ese nombre, sino que lo hizo como Cassius Clay el 17 de enero de 1942. Fue así como comenzó su leyenda, con una medalla en los Juegos Olímpicos de Roma 1960, que apenas tuvo repercusión en su país. Pero su figura fue ganando importancia con el paso de los años, convirtiéndose en un referente en el mundo del boxeo.

Pero Cassius Clay fue mucho más que un boxeador, un campeón del mundo, campeón olímpico… considerado como el mejor púgil de todos los tiempos. Nunca olvidó sus raíces. Nieto de esclavos. Tal vez fue ese el detonante por el que años más tarde de ser toda una figura en el boxeo, se convirtió al islam y cambió su nombre por el de Muhammad Ali.

Muhammad Ali

“Cassius Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí, no lo quería. Yo soy Muhammad Ali, un hombre libre”, dijo tras cambiarse el nombre. El nombre que consideraba que era de “hombre blanco”, que se le había asignado por ser nieto de un africano que llegó a Estados Unidos como esclavo y que echó raíces en Kentucky para ser el abuelo del más grande.

Ali se convirtió al islam tras proclamarse campeón del mundo. Un hecho por el que recibió críticas, pero él no escuchaba a aquellos que no toleraban su decisión: “Soy Estados Unidos. Soy la parte que ustedes no reconocen, pero acostúmbrense a mí”. Para el recuerdo dejó innumerables frases y es que él era único: “No solo soy el más grande, sino que soy el más grande por partida doble”.

Símbolo de liberación

Aquellos tiempos no son los de ahora. Fue entonces cuando se comenzó a librar una gran batalla. Pese a que Lincoln abolió la esclavitud, eso no significó la liberación de los negros. Fue así como Ali se convirtió en un referente en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Un icono, como lo fuese el venerado Martin Luther King, pero Muhammad Ali contaba con un plus a su favor: su voz de campeón llegaba más a los jóvenes de la comunidad negra.

Sus mensaje eran claros, concisos. Unas palabras suyas, que en su día ya dieron la vuelta al mundo, han vuelto a estar de actualidad por el asesinato de George Floyd y las protestas contra el racismo que han traspasado las fronteras estadounidenses y ya se producen en otros muchos países.

El alegato del blanco y el negro

“Siempre quise saber por qué Tarzán era el rey de la jungla en África y era blanco. Un hombre blanco con un pañal en África aullando: ‘¡ah, ah, ah, ah!’. ¿Vieron Tarzán? Pelea con los africanos, y rompe mandíbulas a los leones. Además, Tarzán habla con los animales, y los africanos que han estado allí durante siglos no pueden hablar con los animales. Solo puede Tarzán”, comenzó diciendo Ali en una entrevista en la BBC.

“Siempre me he preguntado por qué Miss América siempre ha sido blanca, con todas las mujeres bellas negras que hay en Estados Unidos. Hermosos bronceados, cuerpos esculturales… Tanta diversidad y siempre escogen el blanco. Y Miss Mundo siempre es blanca y Miss Universo siempre es blanca”, siguió con su alegato.

Continuó señalando que lo blanco siempre se asocia a lo bueno:”Luego hay cosas como los puros de la Casa Blanca, la sopa de cisne blanco, el jabón Rey Blanco, papel de nubes blancas, peces de anillo blanco, cera de suelo Tony el Blanco… ¡Todo es blanco! La tarta de cabello de ángel  es blanca… pero la tarta del diablo es de chocolate“.

Carl Fisher junto Muhammad Ali en abril de 1968


Carl Fisher junto Muhammad Ali en abril de 1968

Y lo negro a lo malo: “Yo decía: ‘mamá, ¿por qué es todo blanco?’. Siempre me lo preguntaba. Hasta el Presidente vive en la Casa Blanca. Y María tenía un corderito blanco como la nieve, y Blancanieves… Todo era blanco. Santa Claus es blanco. Y todo lo malo es negro. El patito feo era negro, el gato negro trae mala suerte, y si te amenazo, es un ‘blackmail’ (chantaje). Le dije: ‘mamá, ¿por qué no lo llaman ‘whitemail’? ¡Ellos mienten también!’. Siempre fui muy curioso, y así es como supe que algo iba mal”.

Sus tres grandes luchas

Si por algo será recordado Muhammad Ali es por su legado. En el cuarto aniversario de su fallecimiento, su figura vuelve a reivindicarse en los momentos más convulsos de la lucha antirracial. Él fue uno de los que golpeó fuerte para equiparar los derechos de todas las personas independientemente del color de su piel. Un combate el del racismo más importante que los que libró dentro de los cuadriláteros.

Boxeo, racismo y su última lucha… la que combatió durante la última parte de su vida. Si su lema era “flotar como una mariposa y picar como una abeja” en el ring, con unos golpes demoledores y una rapidez de pies increíble por su constitución, con el paso de los años su cuerpo se fue deteriorando hasta que le diagnosticaron Parkinson. Luchador como pocos, Ali convivió con esta enfermedad por tres décadas hasta que a la edad de 74 años su luz se apagó.

Lo que a otras estrellas se les ha criticado desde entonces, el no ‘mojarse’ con temas como el racismo, no era cosa que tuviese que ver con la ética de Muhammad Ali. Él hablaba alto y claro, hasta que la enfermedad se lo impidió. De él decían que era arrogante, que era rebelde, pero también audaz y valiente. 

En 1990, viajó hasta Bagdad para encontrarse con Saddam Hussein. De allí volvió a Estados Unidos con catorce rehenes. Un héroe… de paz. Y es que pese a que se negó a combatir en Vietnam porque, como el mismo decía, ninguno de ellos le había llamado negro, sí que luchó por el bien común, como lo hizo con Hussein.

Muhammad Ali, un ‘mensajero de la paz’ de Naciones Unidas. Un nieto de esclavos que luchó dentro y fuera del ring por labrar el camino hacia la igualdad de derechos. Un hombre libre que se retiró del boxeo a los 1981 por el Parkinson, pero que libró más combates después para acabar con el racismo.

[Más información – 77 años del nacimiento de Muhammad Ali: una vida de pelea dentro y fuera del ring]



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