Explosión Beirut, Líbano
© OCAH/Farid Assad






el DiarioSolidario

Seis meses después de las explosiones en el puerto de Beirut cuyo impacto alcanzó más de 20 kilómetros a la redonda causando la muerte a más de 200 personas, miles de familias se enfrentan a una nueva ola de falta de vivienda debido al aumento de la pobreza, ha advertido el Consejo Noruego para los Refugiados, (NRC en sus siglas en inglés).

La organización resalta que aunque la mayoría de las cerca de 200.000 viviendas dañadas o destruidas el 4 de agosto de 2020 han sido reparadas – alrededor de 9.000 están todavía semidestruidas-, un amplio número de familias se encuentra ante una pobreza sin precedentes. Una situación que trae consigo un aumento de los desahucios y, por consecuencia, el incremento de las personas sin hogar. Se calcula que 70.000 trabajadores han perdido su empleo a causa de la explosión.

“Puede que se hayan reparado las puertas de las casas de la gente, pero el daño a las vidas que hay detrás de esas puertas permanece”. Director de NRC en Líbano, Carlo Gherardi.

Incluso antes de la explosión, Líbano se enfrentaba a la parálisis política, a una crisis económica acuciante y a un agresivo brote de Covid-19. La ONG Urda Spain nos recordaba en el artículo  “El abismo libanés” que la mitad de la población libanesa vivía por debajo del límite de la pobreza antes de la explosión. A esta cantidad se sumaban las más de millón y medio de personas refugiadas que habitan allí sin opciones laborales y de vida digna.

Pobreza en Beirut

Las víctimas más afectadas por la explosión ya vivían en las zonas más pobres de Beirut. Las casi 1000 entrevistas realizadas por la organización noruega con residentes en los barrios afectados – Karantina, Mar Mkhayel, Gemmayzeh, Bourj Hammoud y Achrafieh- mostraron que alrededor de un tercio de los participantes declararon haber perdido sus ingresos familiares a causa de la explosión.

Una consecuencia de esta situación es que entre las familias, el 42% de las que padecían enfermedades crónicas informaron de que no podían continuar con su tratamiento, en gran parte porque ya no se lo podían permitir.

De todos los grupos afectados que evaluó la ONG, los refugiados sirios son los que más incidentes de violencia, abusos y acoso han sufrido por parte de los propietarios y por las tensiones en la comunidad. “Se han reparado miles de viviendas gracias a la enorme inversión y al trabajo de los afectados y de la comunidad internacional, pero la cruda realidad es que los más vulnerables siguen desplazados”, dijo el director de NRC en Líbano, Carlo Gherardi.

Mirar más allá

El NRC ha reparado las casas de alrededor de 1.600 familias y ha ayudado a más de 600 familias con prestaciones para el pago del alquiler durante un máximo de seis meses. Para marzo, unas 15.000 personas habrán recibido sustento en materia de alojamiento, agua y saneamiento, educación y servicios jurídicos.

“Cada vez están más desempleados, no pueden pagar el alquiler, tienen enormes deudas y dependen cada vez más de la ayuda. Decenas de miles de personas siguen sin poder conseguir un nuevo hogar o regresar al lugar donde solían vivir. Es imperativo mirar más allá de los daños estructurales y ayudar a los habitantes de Beirut a levantarse de nuevo. Líbano necesita reformas de gobernanza de gran alcance y apoyo internacional a largo plazo”, concluye Carlo Gherardi.

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