Cuando una pareja se une y forma una familia desea que esta unión se convierta en un árbol frondoso de copa amplia y raíces profundas, que nutra y alimente de forma adecuada a los frutos de su amor. Las raíces de ambas personas de la pareja se unen y enraízan a su vez en la nueva tierra donde su árbol familiar crece y tiene sus frutos, esta unión los alimenta y nutre de manera que crecerán y madurarán saludablemente gracias a estas raíces interconectadas.

Puede suceder que la pareja se rompa, que un rayo parta este árbol en dos, lo dañe y lo deje herido; que el tronco y las ramas no puedan seguir siendo uno y no se dé conexión y comunicación en esas dos partes claramente separadas del árbol seccionado, de forma que cada una de las partes rehará su vida por su cuenta, dejándose fluir a través del oxígeno del aire, del sol, la vida… incluso las ramas de ambas partes buscarán nuevas uniones con otras ramas de otros árboles y… quizá se enraizarán de nuevo en la tierra conjuntamente.

Los frutos necesitan que las raíces que sostienen a ambas partes de su árbol y les ayudan a crecer, sigan nutriéndolos y alimentándolos; necesitan que ambas partes separadas atraviesen la desidia, el cansancio, el dolor, la rabia, etc., por el rayo que dividió su árbol en dos y que sostengan esos frutos en crecimiento con una adecuada comunicación que posibilite que crezcan sanos sabiendo que esas raíces los sostienen y les ofrecen la mejor crianza, puesto que para esto se unieron y a través de su amor nacieron.

Es importante conseguir que los frutos de la unión sigan siendo nutridos por esas raíces familiares que les permitieron nacer: para ello es imprescindible atravesar el ego, la idea errónea de mirar sólo hacia uno/a mismo/a, hacia su parte herida del árbol y mirar a la otra parte empatizando con ella, tomar conciencia de las heridas y ver a través de ellas a la otra persona; ser capaz de establecer nuevos canales de comunicación positivos entre ambas partes que un día fueron un solo árbol, buscar espacios para hablar y limpiar las heridas, pensar siempre en el beneficio de esos frutos, sentir cuál es la actitud más positiva para que crezcan libres de presiones, de tensiones, de “vínculos dañinos” con sus padres.

Esto generará una energía que llevará a los/as niños/as a una comprensión integradora (a nivel mental, emocional y físico): El rayo fue el que rompió la pareja, los/as niños/as no tienen culpa de nada, los/as niños/as no tienen que posicionarse hacia ningún lado del árbol, quieren y necesitan por igual esas raíces profundas y en conexión que un día se unieron y les crearon como frutos del amor. Ambas partes del árbol van a establecer nuevas vías de comunicación para apoyar un crecimiento adecuado. Ambas partes han tomado conciencia de sus cadenas y sus limitaciones y conseguirán que éstas no afecten a su relación madre – hijo/a y padre – hijo/a, sólo a su relación como ex-pareja.

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Esperanza Donaire Donaire

Esperanza Donaire Donaire

Trabaja en Sinergia Psicología. Psicóloga General Sanitaria, terapeuta Gestalt y docente. Psicoterapia en intervención individual con adultos y adolescentes, trabajo con familias y/o grupos encaminado al abordaje de las dificultades de comunicación y relación interpersonal, conflictos interpersonales y mediación.
Esperanza Donaire Donaire

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