En primer lugar, es obligado preguntarte por la situación de la demanda en el estado español. ¿puedes decirnos en qué punto está el proceso?

Estamos en un momento en el que la demanda está presentada, el pasado mes de diciembre, y esta semana las organizaciones que presentamos la demanda (Greenpeace, Ecologistas en Acción e Intermón Oxfam) hemos recibido la admisión a trámite y el emplazamiento al gobierno para que conteste a lo que alegamos en el plazo de un mes. Así que a principios de marzo tendremos la respuesta del gobierno a nuestra demanda. Eso nos coloca en una situación muy interesante porque después hay un trámite de conclusiones y vamos a pedir que se celebre una vista oral porque creemos que el caso lo merece, la atención pública merece una vista oral que esperamos que pueda ser antes del verano.

 

¿Creéis que se va a aceptar esa petición de vista oral?

Espero que sí, tengo confianza. En este proceso son muy importantes las llamadas periciales, las pruebas técnicas que se aportan, y nosotras presentamos particularmente dos, una de un científico que ha trabajado en el IPCC y que ha recibido un Premio Nobel, y otra de una catedrática que estudia el impacto de género y la desigualdad, y muestran que las reducciones previstas son insuficientes y que el impacto será mayor para las mujeres y para los sectores más empobrecidos.

 

¿A propósito de esto, como valoráis los objetivos de reducción de emisiones, del 23%, que el gobierno incluye en la propuesta de ley de cambio climático?

Bueno, el gobierno asume lo que había planteado en el Plan Nacional de Energía y Clima, en ese sentido es coherente. Es insuficiente, muy insuficiente, sobre todo porque la Unión Europea nos había dado margen por las condiciones de la economía española y el estado se ha tomado aún más margen, así que venía de unas emisiones muy por encima de los que se permitía, que ya estaba muy por encima de la media europea. El problema es que la Unión Europea ha planteado un 55% de reducción, pero da por bueno el 23% para el Estado Español, porque es muy poco ambiciosa. Creo que es el principal problema para la demanda, que esto se hace con el acuerdo de Europa, a pesar de que Europa plantea ese 55% que, por cierto, aún está lejos del 65% que pedíamos las organizaciones ecologistas.

 

La reciente sentencia en Francia es un precedente importante, ¿cómo valoráis esta sentencia desde las organizaciones que presentáis la demanda aquí?

Es importante, muy importante. Son demandas y casos muy hermanados, porque son las mismas organizaciones (en Francia con algunas organizaciones ecologistas locales) y es paralela en su objeto, que es la inacción en el cambio climático. Es la tercera vez que se condena a un estado de la UE y esto es esperanzador porque además se supone que la Unión tiende a una homogeneización en sus políticas, en su normativa y también en sus resoluciones judiciales. Yo creo que esto le pone las cosas más fáciles al Tribunal Supremo; una de las cosas complicadas es que el Tribunal puede sentirse sólo en la adopción de una decisión valiente, porque es una demanda compleja que plantea innovaciones jurídicas ajenas al funcionamiento más tradicional. Entonces, para que los jueces puedan dar ese paso es importante que vean que sus colegas europeos están haciendo lo mismo.

 

Hay un elemento social que siempre está presente en estos procesos. ¿Hasta qué punto es importante la presión social en Francia, y hasta qué punto pensáis que eso puede influir aquí?

Bueno, yo creo que en Francia ha sido decisivo. Aquí notamos que la demanda tiene cada vez más atención social, más medios. En eso quizá vamos avanzando más despacio, pero estamos en el camino y vamos con firmeza y es imprescindible.

 

El movimiento climático tuvo una enorme importancia hasta la llegada de la pandemia. Ahora parece estar recomponiéndose, ¿crees que la reactivación de estos movimientos serán importantes para el avance de la conciencia social y la actuación institucional?

Sin lugar a dudas. A mi una cosa que me preocupa es que lleguemos con esta situación tan parada, con el movimiento climático juvenil en reflujo… Es central, la sentencia de la manada, por ejemplo, no se hubiera ganado sin la movilización feminista, igual que no se hubiera ganado el conflicto de Madrid Central sin la presión social de las semanas anteriores. Los jueces y las juezas son personas y son vulnerables a la conciencia ciudadana. Hacen falta los dos pilares, una demanda que esté bien argumentada – que creo que, modestamente, esta está bien construida – y que haya un sentido común mayoritario que empuje a los jueces en esa innovación jurídica que mencionaba antes.

 

Por último, una pregunta que va más allá de la demanda: ¿qué escenario crees que se dibuja para la acción contra el cambio climático? ¿Cuántas esperanzas se pueden depositar en la acción de los gobiernos?

Yo creo que confianza en los gobiernos per se, ninguna. No existe esa clase política capaz de enfrentar al poder capitalista de la manera contundente y radical que necesitamos para salvar la cuestión climática. Por lo tanto, hace falta mucha presión desde abajo, mucho trabajo de difusión y de autogestión, porque la transformación no es meramente cuestión de políticas gubernamentales. Y tenemos que tejer alianzas con sectores que no somos espontáneamente afines ni trabajamos de manera conjunta; a mí un tema que me preocupa especialmente es el de la relación entre los movimientos ecologistas y los sindicatos de clase. ¿Qué pasa cuando Nissan cierra una planta y el problema que se plantea la izquierda clásica es la pérdida de puestos de trabajo? Claro, es importantísimo y a las ecologistas también nos preocupa, pero no puede ser esa salida fácil de seguir haciendo coches; tenemos que trabajar con la clase obrera en una reconstrucción sostenible con puestos de trabajo para todos y para todas. Tenemos que trabajar con todos estos sectores, con agricultores, con el campo… creo que eso aún está verde, estamos aún cada uno en su área, y mientras no avancemos estaremos más lejos de la victoria. 



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