El escritor Luisgé Martín ha sido galardonado con el Premio Herralde de Novela, convocado por la editorial Anagrama con una dotación de 18.000 euros, por su novela Cien noches. El jurado ha destacado que se trata de una “meditación hecha carne sobre el deseo y la imposible fidelidad”. Además, “esta fábula moral con trazas detectivescas y científicas se abre paso, a través del recuento de una vida y sus placeres, hacia un final sorprendente, de innegable aliento poético”. El autor, que presentó el manuscrito bajo el seudónimo de María Slut, se impuso en la última votación sobre Los llanos, de Federico Falco, presentada bajo el nombre de Pedro B. y con el título Dibujos sobre un paisaje vacío.

El jurado compuesto por Gonzalo Queipo (librería Tipos Infames, Madrid), Gonzalo Pontón Gijón, Marta Sanz, Juan Pablo Villalobos y la editora Silvia Sesé ha destacado que “Cien noches es al mismo tiempo la fantasía de un moralista perverso y la de un antropólogo social, es decir, la fantasía del novelista que a través de la ficción encuentra la manera de explorar todas las posibilidades de una tesis, los relatos que preferiríamos mantener en secreto, nuestros hábitos inconfesables, lo que hacemos cuando estamos seguros de que nadie nos está vigilando, pero luego resulta que no, resulta que ahí estaba, agazapado, el autor de esta novela”.

Luisgé Martín (Madrid, 1962) cree que su novela “es una búsqueda del equilibrio y la paz a través de una serie de contrapesos, de pulsiones que se van sucediendo”. El escritor ha querido recordar su etapa universitaria, cuando pasaba más tiempo en el Ateneo que en su casa. Una de sus rutinas era leer la prensa y se recuerda a sí mismo leyendo la noticia del primer Premio Herralde, concedido a Álvaro Pombo, y pensando que a él también le gustaría ser galardonado. Cien noches, asegura, nació de la lectura de un informe sexológico que afirmaba que el 55 % de los hombres y el 46 % de las mujeres se declaran infieles. Tirando de ese hilo ha ideado una novela sobre “la infidelidad, la promiscuidad, el deseo y la ciencia. En Cien noches explora distintas formas del amor, distintas formas de deseo y diversas formas inconfesables de ese amor al tiempo que explora los tabús y las mentiras”.

La estructura de la novela, más compleja que sus anteriores obras, le permitía intercalar “informes de detectives independientes que tenían valor en sí mismos, cuentos, pequeños relatos, que pedí a amigos escritores para que la novela fuera promiscua en sentido literario”. A lo largo de las páginas de Cien noches “se investiga a seis mil personas que han declarado que nunca han sido infieles”. Y a modo de juego incorpora una serie de expedientes de adulterios que el autor pidió que le escribieran algunos escritores españoles como Edurne Portela, Manuel Vilas, Lara Moreno, Sergio del Molino y José Ovejero, en un estimulante ejercicio de promiscuidad literaria. “Yo hice el primero para que sirviera de muestra y de ahí los cinco amigos escritores han escrito el suyo propio”, explica Luisgé Martín. 

Cien noches, una novela con voz femenina

Irene viaja de Madrid a Chicago para estudiar en la universidad. Como parte de su formación académica repasa trabajos de laboratorio sobre el comportamiento sexual de las ratas, que dan ciertas claves sobre la fidelidad o promiscuidad de los mamíferos según su sexo. Investiga también estos comportamientos en humanos e inicia un viaje personal en el que los experimenta ella misma. Entre Madrid y Chicago, convertida en detective que rastrea a personas desaparecidas y espía vidas ajenas, la existencia de Irene queda marcada por los hombres con los que se relaciona: el millonario norteamericano Adam Galliger, que mantiene con ella una aventura adúltera, engañando a su mujer, y además financia un estudio sobre las mentiras que cuenta la gente acerca de sus infidelidades; el argentino Claudio, que arrastra consigo un doloroso secreto y cuya familia tiene un pasado oscuro vinculado con la historia de su país; el bilbaíno Martín, con el que se casa y que en realidad apenas sabe nada de ella; Hugo, una relación de infancia con quien tuvo primeras experiencias que dejaron huella… Y a esta exploración del amor y el deseo sexual se incorporan también varios personajes femeninos relevantes como Adela, una amiga de Irene; Graciela, la madre de Claudio, o Harriet, la esposa de Adam. 

Cien noches investiga las distintas formas de amor –algunas radicales y extremas– y los diversos comportamientos sexuales –algunos igualmente radicales y extremos–; levanta acta de la lealtad, la infidelidad, los deseos inconfesables, los tabús, las medias verdades y los engaños que envuelven nuestras relaciones. Habla de máscaras y de mentiras.

“Este tema está mucho más cerca de lo que creemos”, confiesa. “No miramos de frente a algo que está ahí, nos empeñamos en pensar que nuestra pareja nos es fiel o que los vecinos son perfectamente felices y jamás piensan en otras personas pero eso no es verdad”, cree el escritor. Por otro lado, se trata de la primera vez que el escritor usa una voz feminina. “Hablar de la promiscuidad desde la voz de una mujer me ayudaba a evitar los tópicos sobre la promiscuidad masculina y, sobre todo, homosexual”, se sincera. De este modo, arguye, se podía abordar el debate sobre “las diferencias entre la sexualidad masculina y femenina”.

“En lo único que creo que esta obra entronca menos con el resto de mi literatura es que Cien noches es vitalista, optimista y está presente el principio del carpe diem de aprovechar todos los momentos”, confiesa el autor. En definitiva, Luisgé Martín considera que son tres novelas en una. Por un lado “es una novela de tesis que tiene tintes de novela erótica, también una novela negra, un pequeño thriller, pues hay un crimen y una investigación en torno al mismo”. Como dice Marta Sanz “hablemos con y de esta novela. Es lo mejor que puede pasar con un libro: que su escritura nos proponga preguntas sobre las que conversar”.

@scamarzana





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