Son infinidad las piezas de gran valor artístico que han mudado o salido de Baleares. Algunas fueron compradas, otras ninguneadas por nuestras instituciones, robaron o expoliaron en las excavaciones arqueológicas.

También abandonaron Mallorca en el siglo XIX espléndidas bibliotecas enteras, con muchos manuscritos y notas esenciales para nuestra historia; por ejemplo, la del marqués de la Romana o la Biblioteca Balear de Miquel Capdebou, bibliófilo y conchólogo, que vivía en la calle del Pes de la Farina (Ciutat). Parte de la misma acabó en la Biblioteca Nacional de España porque la viuda de Capdebou, Catalina Singala, se la vendió al compositor Barbieri (1869).

Recordemos también que la incuria sobre nuestro patrimonio se daba antes y también ahora: parte del legado impresionante (desde dibujos de Picasso hasta los más diversos originales de Camilo José Cela) podrían haberse quedado en Mallorca, pero ante la falta de interés de nuestras instituciones por el material de un premio Nobel de Literatura tan ligado a nuestra Isla, el mismo ha acabado en Guadalajara, en el museo o Centro Cela de Almonacid de Zorita.

Silla de Maceo

Recientemente, el Gobierno de Pedro Sánchez mandó a Cuba la silla de Maceo, muy simbólica aunque con nulo valor artístico. Simbólica es también la cimera del Rei Martí, que fue entregada por las autoridades mallorquinas al nefasto Fernando VII por petición de este monarca a través del funcionario Manuel Herrán (1831); este yelmo y una ‘espada de Jaume I’ (que no es de Jaume I) se muestra actualmente en la Armería Real (Palacio Real, Madrid).

Un ejemplar magnífico que fue robado en 1991 del Museo de Mallorca, pese a que estaba en una vitrina de seguridad, es el ‘plat de sa Llebre’, extraordinaria pieza de cerámica árabe del sigo X. Las cerámicas almohades que se hallaron en la calle Savellà acabaron en el Museo del Disseny de Barcelona.

En el caso de las excavaciones púnicas en Eivissa el saqueo fue constante: Picarol, Sorolla, Rusiñol y Vives Escudero, se llevaron y vendieron muchas piezas importantes a principios del siglo pasado.

Expoliadores

Mallorca también contó con un nutrido grupo de expoliadores como Josep Colominas (1910-1915) que excavó talayots pero también arrampló con cuánta antigüedad pilló y se las llevó a Barcelona.

De la Isla salieron piezas tan importantes como el protomo taurino de Son Mas (Llubí), los bronces protohistóricos de Lloseta, la colección Planas, etcétera.

Y donde hay también un ‘debe’ hay un ‘haber’. En este caso se lleva la palma la Biblioteca Bartomeu March de Palma que desde hace medio siglo, gracias al mecenazgo de su fundador, viene comprando libros antiguos, manuscritos y mapas antiguos de Balears.

Por otra parte, las claus del Regne, sobre las que ha escrito varios reportajes recientemente en Ultima Hora el periodista Antoni Pol, finas piezas de orfebrería gótico-renacentista,con las que los agermanados intentaron agasajar y pedir el perdón de Carlos V, son propiedad de la familia Rotshchild y están en un museo de Israel. Y así podríamos seguir largo rato.

Hemos elaborado un top ten algo personal, si se quiere, con las piezas más importantes. Pero ni son todas las que están ni están todas las que son. Quisiera agradecer las sugerencias a dos de nuestros arqueólogos internacionalmente más reconocidos, que son Guillem Rosselló Bordoy y Jordi H. Fernández.

1 Atlas mallorquín, 1375. Mallorca-París

Injustamente denominado Atlas Catalán. Por su áureo ritmo lumínico y su descripción del mundo medieval entonces conocido es una de las joyas de la cartografía mundial. Probablemente fue trazado en el taller de brújulas y mapamundis que tenían Abraham y Jafudà Cresques en Palma. Parece ser que este taller se dedicaba a embellecer mapas más que a elaborar de verdad portulanos, aunque en la Edad Media el conociendo de la cuenca mediterránea y atlántica (hasta Cabo Verde) de la marinería mallorquina fue exhaustivo. El Atlas mallorquín acabó en manos del infante Juan (Girona) y este se lo regaló al rey de Francia, por eso hoy se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia. Ha sido reproducido hasta la saciedad.

2 Bous de Costitx. V-III aC. Mallorca-Madrid

Para muchos conocidos como los tres bous, bronces de la cultura talayótica, son la pieza más importante de la arqueología balear. Se encontraron 1894 en el santuario, posteriormente predio, de Son Corró (Costitx). Su propietario, Juan Vallespir, los puso a la venta. Por las piezas se interesó el Museo del Louvre, no quiso comprarlas la Diputación, finalmente por interés expreso del ministro Cánovas y por 3.500 pesetas de la época las compró el Museo Arqueológico Nacional, donde se exhiben.

3 Dama de Ibiza. V-III aC. Eivissa-Madrid

Figurilla de arcilla de 47 centímetros muy ornamentada especialmente con motivos vegetales y que data del siglo III antes de Cristo. Probablemente representa a la diosa cartaginesa Tánit (mito de la fecundidad). La pieza la encontró en el Puig des Molins la cuadrilla de obreros a la que pagaba el gran numismata menorquín Vives Escudero, que a su vez la vendió al Museo Arqueológico Nacional. Otra dama ebusitana muy relevante es la Dama oferente de Ibiza que se encontró en el Puig des Molins y que se exhibe en el Museo de Arqueología de Barcelona.

4 Retrato de Sureda por Goya. 1804-1806. Mallorca-Madrid-Washington

Es uno de los mejores y más finos óleos sobre lienzo de Goya. Sureda Miserol fue director de la Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro (1804) donde aplicó las técnicas para fabricar loza que había aprendido en Inglaterra. El cuadro probablemente estuvo en la colección de Pedro Escat, en Mallorca. Luego la familia Sureda se lo llevó a Madrid (1907), acabó en el almacén del matrimonio Havemeyer. Tiene 119 x 79 centímetros, destaca por su suave pincelada y el tratamiento de la luz. Se puede ver en The National Gallery of Art (Washington).

5 Retrato de un joven judío. 1663.Mallorca-París-Canadá-Texas

Frey Rafael Cotoner y Oleza (1601-1663) y frey Nicolás Cotoner y Oleza (1608-1680) reunieron una selecta colección de arte en la que por lo menos había varios cuadros de Rembrandt. Uno de ellos Retrato de un joven judío (65,8 x 57,5 centímetros), pintado en 1663. El protagonista del mismo es probable que fuera amigo del gran pintor de los Países Bajos. Este óleo salió de Mallorca y a mediados del XIX estaba en París, en manos del coleccionista Rodolphe Kann. Posteriormente lo compraron los Van Horne (Canadá) para exponerse en el Museo Kimbell (Texas).

6 Hipoglifo. Mallorca-Pisa

Estuvo en Palma hasta que en 1115 la flota pisano-catalana que asoló Mallorca se lo llevó a modo de botín y de hecho el original coronó muchos años una de las fachadas de la catedral de Pisa. Su valor radica en ser una representación zoomorfa muy rara en el Islam. En 1928 se sustituyó por una réplica de cemento, exhibiéndose el original en el museo de la Catedral de Pisa.

7 Bustos de Cleopatra, 50-30 aC. Mallorca-Nueva York-Berlín

Una de las muchas esculturas que fue coleccionando el cardenal Antonio Despuig (1745-1813). Se ignora cómo la adquirió, pero pudo ser una de las que se encontraron en las excavaciones que cerca de Roma financió el entonces arzobispo de Sevilla, que vivió unos años en la Ciudad Eterna. Tiene 29 centímetros. Vendría a ser un retrato escultórico de Cleopatra. Tras ser vendido por los herederos de Despuig, por el conde de Montenegro, acabó en manos de un coleccionista neoyorquino y, finalmente, en el Staatlitche Antikenmuseum (Berlín). Dos piezas muy relevantes de la colección Despuig son el relieve de Egisto, hoy en la NY Carlsberg Glyptotek de Copenhague, y la efigie de Augusto, que se exhibe en el Museum of Fine Arts de Boston.

8 Patio de can Ayamans. Mallorca-paradero desconocido

Arthur Byne, hispanista norteamericano, compró en 1929, por 9.500 dólares, las escaleras, los techos y dos galerías gótico-renacentistas de la posada de s’Estornell, que había sido Can Ayamans, palacio situado en la calle Pureza con calle Morey. Este patio nobiliario mallorquín fue desmontado y adquirido por Byne para el magnate W. Randolph Hearst. A día de hoy no se sabe dónde está. Ocurre como con el plat de sa llebre, otro tesoro balear desaparecido, como también lo es el artesonado de Can Verí, que se incendió en Londres.

9 Busto de Tiberio. Maó-París

Mide 39 centímetros y formaba parte de una estatua que estaba en el foro de la Maó romana. Se encontró durante la ocupación francesa por Lannion, gobernador francés de Menorca (1756), quien lo dejó a sus herederos hasta que lo compró la Biblioteca Real de Francia, para pasar a la Biblioteca Nacional de Francia.

10 Portulano de Valseca. 1439. Mallorca-Barcelona

Otra de las joyas de la escuela de cartografía mallorquina. Elaborado por Gabriel Valseca o Vallseca, maestro de cartas y mercader que vivía en el barrio palmesano de Santa Cruz. El mapa fue adquirido en Florencia por el cardenal Despuig y estuvo en Raixa. Uno de sus herederos, el conde de Montenegro, lo vendió (1910). Finalmente cayó en manos del coleccionista Pere Bosc, y de éste pasó al Museo Marítimo de Barcelona. Esta joya pudo ser adquirida por las instituciones mallorquinas, pero no les interesó. Este portulano fue mostrado por el cura de la biblioteca del conde de Montenegro a la escritora George Sand (1837). Al extenderlo sobre una mesa, y a modo de contrapeso, se puso un tintero lleno con tan mala suerte que el mapa se replegó sobre sí mismo, arrollando al tintero, que se derramó a tutiplén. El desastre se solventó en parte con una restauración.

Además de estas diez, hay un sinfín de piezas más que han salido de las Islas. Como muestra están el ‘plat de sa llebre’, de origen musulmán, del siglo X, que fue robado en 1991 del Museu de Mallorca. Su paradero es desconocido. Las llaves del Reino de Mallorca fueron un tributo de los ‘agermanats’ al rey Carlos I. Están en un museo de Israel.

PALMA. PATRIMONIO. Palma pretende recuperar las `Clausø del Regne.



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