Vitoria,

Este año se cumplen seis del fallecimiento de Juncal Ballestín, artista alavesa formada en la Escuela Superior de Bellas Artes de Bilbao y autora de proyectos estructurados en series en los que se sirvió de técnicas y materiales muy diversos, cultivando desde la pintura y la obra gráfica al dibujo, la instalación y el vídeo. Los elementos que componen su trabajo llegaban a ella por fuentes muy variadas, y esa es parte de la esencia de su producción: Algunos de los objetos y materiales llegan a mí por azar, traídos por las inclemencias del tiempo (un fuerte viento que derriba un árbol y, con él, cae la hiedra que lo abraza). Otros, por las labores propias del campo, como la poda o la búsqueda de “tutores” para la huerta… (…). Esta forma casual de llegar a los materiales, y el deseo de trabajarlos, no son siempre fenómenos rápidos, directos, sino que la mayor parte de las veces esos objetos esperan años a ser redescubiertos en el almacén. Es entonces cuando son incluidos en una u otra serie ya planteada.

La cita encabeza la muestra que desde hoy repasa su trayectoria en ARTIUM Vitoria, “La vida como ejercicio”, que exhibe algunas de sus series respetando la clasificación con las que las planteó Ballestín y vertebrándolas a partir de dos grandes grupos: una centrada en su conjunto troncal de pinturas y otra que relaciona varias series de objetos. Esos conjuntos se completan con piezas que no forman parte de series pero que sí pueden favorecer nuestra comprensión de los intereses de esta autora, que concedió especial relevancia a la contemplación por el espectador de sus proyectos frente a las largas explicaciones: Respeto demasiado el tiempo de todos nosotros. Siempre he agradecido la claridad escueta en las palabras. Prefiero dejar amplia y libre la imagen (…). Solo considero necesario explicar el cómo y el porqué del proceso que da origen a mis trabajos, introducir con sencillas apreciaciones las diversas series.

Juncal Ballestín. A Meret, 1996
Juncal Ballestín. A Meret, 1996

Bajo el comisariado de Fernando Illana y con la colaboración de la Fundación Anesvad, heredera del legado de Ballestín, la exhibición se inicia con la proyección de un vídeo, que no tiene título, sobre una pared negra que representa pintura que se desliza sobre una superficie. Anticipa la presentación de diversas pinturas articuladas en dos grupos: Pinturas lacustres (2004), con el papel como soporte y Parásitos (1992), obras realizadas sobre piel y sostenidas con varas de avellano.

También podemos ver en Vitoria Lo último que se pierde I (1997-1998) y esas obras, que no lienzos, comparten espacio con objetos e instalaciones que nos ayudan a comprender claves de sus procesos de trabajo, como los de las series Violencia sin límite, Objetos con carácter y Cobres, y también con piezas no seriadas como El arco y el triunfo (1994), Naturaleza muerta (1986) o Sin título (espiral de latón) (1986).

Se trata de trabajos que apelan a lo que queda al alcance de nuestros sentidos, al poder de la percepción no mediada y a la experiencia corporal; consideró Ballestín que el arte es un medio de acercamiento a la propia interioridad y a las tramas básicas de la realidad, metafísicas aparte; una experiencia, en definitiva, vivencial. No creía, como decíamos, en las palabras como vía para acceder a sus creaciones y a sus prácticas artísticas, sino sobre todo en las sensaciones, con lo que tienen de aleatorias.

Alejada de los círculos habituales del arte (y, en un momento dado, también de la labor docente que desarrollaba en un Instituto), sus obras desprenden una singularidad evidente respecto a los discursos institucionales conocidos. La de Ballestín fue, en el fondo, una trayectoria basada en alejamientos de lo fácil y acercamientos al que consideraba su camino: también se marchó de la ciudad para establecerse en Otazu, de ahí ese título de la muestra: “La vida como ejercicio”.

En varias vitrinas, se ha reunido en ARTIUM documentación: fotografías, dibujos, bocetos, anotaciones e instrucciones manuscritas para el montaje de obras, referencias a su escenografía, catálogos, folletos y otras publicaciones que nos ayudan a sumergirnos en la producción de la vasca, que durante un lustro permaneció guardada en su estudio en Otazu. Aunque la artista la clasificó y ordenó perfectamente, dado ese tiempo pasado sin exhibición mediante se ha requerido cierta intervención sobre las obras, muchas de carácter orgánico: en algunos casos se eliminaron insectos y parásitos, labor que requirió semanas y, después, estos trabajos se analizaron y limpiaron.

Juncal Ballestín. Escultura, 1984
Juncal Ballestín. Escultura, 1984

 

 

Juncal Ballestín. “La vida como ejercicio”

ARTIUM. CENTRO-MUSEO VASCO DE ARTE CONTEMPORÁNEO

c/ Francia, 24

Vitoria

Del 30 de enero al 23 de mayo de 2021

 

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