El escritor y profesor estadounidense Lewis Hyde.
El escritor y profesor estadounidense Lewis Hyde.Anna Haber / Anna Haber

Esta entrevista forma parte de una serie de charlas con intelectuales, editores, activistas, economistas y políticos de primer orden que ayudan a describir el estado de cosas antes de las elecciones. Puede leer las demás entregas aquí.

Durante varias décadas Lewis Hyde (Boston, 75 años) ha impartido clases en Harvard de escritura creativa y no ficción, ensayo y memorias y literatura del XIX norteamericana, y entre otras distinciones, ha obtenido la preciada beca MacArthur, la llamada “beca de los genios”. Profesor, ensayista y poeta, en su libro Breviario del Olvido (Siruela) ha escrito sobre el recuerdo y el sentido de nación, y sobre esa lucha individual y colectiva por recordar y olvidar.

En los sesenta, su trabajo en el sur de Estados Unidos en el movimiento de los Derechos Civiles como voluntario para registrar a la población afroamericana y que pudieran votar fue su bautizo político y algo que, según escribe, le ha ayudado a definir su identidad. Hyde cuenta que le dijeron una vez “vosotros también necesitáis Misisipi” y aquello le hizo pensar que “cuando te sientes orgulloso de algo estás tratando de diferenciarte y merece la pena preguntarte por qué”. Inmerso en la campaña de 2020, Hyde responde desde su casa en Massachussetts por teleconferencia.

Pregunta. En vísperas de estas elecciones ¿qué es lo que se necesita recordar y qué es conveniente dejar de lado u olvidar?

Respuesta. En EE UU tuvimos una guerra civil a mediados del siglo XIX y tristemente no es aún el momento de olvidarlo. En la situación política actual es importante recordar la esclavitud y la historia de Jim Crow, que fue nuestra forma particular de apartheid. Todo esto está hoy en el centro del debate político y necesita ser tenido en cuenta. Es útil que olvidemos nuestras diferencias y pensemos en lo que nos une, pero el método que aplican los políticos conservadores es separar más y más.

P. ¿Qué opina del revisionismo impulsado por el movimiento Black Lives Matter y la polémica de los monumentos?

R. Un monumento es una declaración de que aquello que ocurrió en el pasado aún nos importa y queremos honrarlo. En el sur de este país hay muchas estatuas que honran a la Confederación y sus generales que querían escindirse de EE UU. Además, alguien como el presidente Woodraw Wilson era claramente racista y estuvo involucrado en la segregación racial. ¿Por qué debemos honrar a esta gente si sus acciones no son honrosas?

P. Este repaso histórico llega hasta universidades como Harvard.

R. Uno no puede olvidar lo que no conoce. En Harvard muchos de los fundadores tenían esclavos o hicieron fortuna con barcos que los transportaban y la industria del algodón que dependía de los esclavos. La universidad ha hecho un trabajo considerable en la recuperación de ese pasado. Porque hay una clara diferencia entre ignorar o suprimir el pasado y haberlo superado. El país está inmerso en un proceso de intentar compensar sus pecados.

P. Ante esto también hay resistencia y surgen fuertes divisiones.

R. Se está sacando a la luz cosas que estaban ahí. De hecho, parece que un tercio o un cuarto de mi país son felices supremacistas blancos.

P. ¿Cómo se recordarán los años de Trump?

R. Los crímenes que el presidente y sus amigos han cometido deben ser juzgados. Necesitamos conocer la verdad sobre lo que ha pasado y castigar a los culpables. Tradicionalmente en EE UU cuando un nuevo Gobierno toma posesión felizmente se olvidan los crímenes del anterior. Cuando Obama salió elegido mucha gente quería que quedara claro lo que la Administración de Bush había hecho en temas como la tortura, pero Obama dijo que había que era mejor pensar en el futuro. Muchos nos resistimos. En el caso de Trump su abuso del poder ha sido tan flagrante que pensamos que en primer lugar que debe ser juzgado. Deséenos suerte.

P. En su libro habla de Rutherford Hayes y su elección en 1877 como la más discutida de la historia de EE UU, pero parece que la que está por llegar será igual de complicada.

R. Las elecciones de 1876 fueron tan complejas que al final se adoptó un acuerdo en 1877 que fue el principio de Jim Crow. Ahora van a ser igualmente discutidas.

P. ¿Qué lecciones se desprenden de ese acuerdo de 1877?

R. Después de la guerra civil hubo un periodo conocido como Reconstrucción en el que hubo tropas federales en el sur que velaban porque se aplicara el sufragio universal para que los negros pudieran votar, y muchos fueron elegidos para el Congreso y otros puestos. Se intentó acabar con el racismo y la esclavitud. Las elecciones en 1876 estuvieron muy reñidas y finalmente la decisión sobre quién había ganado recayó en el Congreso. Se alcanzó un acuerdo según el cual la presidencia iba a Rutherford Hayes pero él aceptaba retirar todas las tropas del sur y renunciar a la Reconstrucción. El resultado fue que los estados del sur impusieron leyes racistas y acabaron quitando el voto a los afroamericanos. Lo que podemos aprender de todo aquello es que es muy importante que estas elecciones no acaben con un acuerdo que simplemente reproduzca las divisiones impuestas por el supremacismo blanco.

P. Dice que aquello de lo que nos sentimos orgullosos a menudo es lo que nos hace sentirnos superiores y debemos revisarlo. ¿Esto debe aplicarse también a gran escala con los países?

R. Creo que es más aplicable a un país que empieza a estar muy dividido. Cuando la gente en Massachusetts piensa que es mejor que en Alabama, ahí debemos pensar qué pasa.



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