Asisto con regocijo a la sorpresa electoral de la noche de ayer. “Desde la distancia”, veo cómo Podemos se ha hecho con cinco escaños en las elecciones al Parlamento Europeo celebradas en España. Es una buena noticia. Es una estupenda noticia. Sin duda este salto cuantitativo de una institución ciudadana, surgida hace apenas cuatro meses, basada en los movimientos ciudadanos surgidos en las calles al amparo del “15M”, es más que un aviso a toda la casta política que sigue pensando que las cosas siguen siendo igual que antes y que tienen manga ancha para poder seguir robando, engañando y esquilmando a un pueblo que, por fin, empieza a decir basta.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, avisó ayer de que “la casta seguirá gobernando” pero creo que después de estos resultados no lo hará con tanta ligereza como hasta ahora. Resulta lamentable escuchar a Miguel Arias Cañete decir cosas como que hay que tener prudencia para hablar del fin del bipartidismo. Primero, por ese empeño -o interés- de los dos grandes partidos de nuestro país en no querer asumir la realidad . Segundo, porque lo dice cómo si el sistema impuesto durante la democracia fuese el único posible y con el que tenemos que comulgar sí o sí. Habla Arias Cañete como si las hordas incontroladas fuesen a terminar con cualquier vestigio de progreso si a la gente le diese, fíjese usted qué cosas, por votar a otros que no fuesen los de siempre.

Sin embargo, pese a la alegría que me provocan los cinco escaños de Podemos, creo, como Iglesias, que no debemos lanzar las campanas al vuelo. ¿Hasta qué punto las Europeas pueden servir de campo de pruebas para las elecciones españolas? Los resultados revelan que el voto de izquierdas se ha desplazado hacia nuevas tendencias, más justas, más sociales, con ganas de terminar con coaliciones corruptas, y que parece que gobernarán para el ciudadano y no a costa de él. Pero en nuestro país se sigue teniendo mucho “respeto” por el voto y la población con derecho a él sigue pensando mucho en el voto útil. No tengo muy claro que cuando las lentejas que haya que cocerse sean las propias -al fin y al cabo lo de Europa, aunque nos tenga pillados por la entrepierna suena a la prima lejana- el ciudadano vaya a otorgar su voto a candidaturas como Podemos.

“¿Tendrán suficiente experiencia?” “Si al final saldrán los de siempre, ¿para qué votar a otros?” “Sí, en Europa lo hacen bien, pero las autonómicas son otra cosa”. “Son como todos, terminarán pactando para su propio interés”. Estos argumentos empezarán a escucharse de aquí a pocos meses, cuando volvamos a estar en campaña electoral y haya que volver a plantearse las cosas. Pablo Iglesias y su gente, al igual que los líderes de otras formaciones como Equo, Partido X o Movimiento RED tendrán que trabajar mucho en estos meses. Primero, para seguir siendo “creíbles”. Segundo, para seguir despertando ilusión en las personas y hacerles recobrar la confianza en un sistema que deja mucho que desear pero que puede recomponerse desde los cimientos.

Y si la buena noticia venía, por una vez, desde España, la mala sigue instalada en muchos países importantes de la UE donde los partidos populistas, xenófobos y de solución fácil a problemas complejos siguen creciendo como la espuma. Da miedo ver cómo el caldo de cultivo de la crisis, como ya pasó en episodios de la Historia no tan lejanos, está dando cómo resultado un avance de los partidos de ultraderecha con un discurso muy fácil de comprar pero de consecuencias nefastas para el ciudadano medio. Sigue habiendo mucho trabajo por hacer.

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María E. Vicente

Casi un año viviendo en Londres que ha dado para mucho... sobre todo para darme cuenta de lo diferentes que son algunas cosas fuera de España. "Desde la distancia" se aprecian otros matices y esos son los que pretendo contar desde este espacio.

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