La soprano tinerfeña Carmen Acosta.

La soprano tinerfeña Carmen Acosta.
Carsten W. Lauritsen

En 1930, Jean Cocteau escribió la obra de teatro ‘La voz humana’, a la que 28 años después puso música Francis Poulenc para dar forma a una ópera de un solo acto y para un único personaje que estos días llega, además, al Auditorio de Tenerife. La soprano Carmen Acosta y el pianista Juan Francisco Parra se ponen bajo las órdenes de Víctor Manuel Dogar para interpretar este libreto del que se podrá disfrutar hoy y mañana, a las 19:30 horas. Un monólogo sobre el amor, la desesperación y la supervivencia dan forma a esta tragedia que pone de manifiesto el talento canario en estado puro. 

La soprano Carmen Acosta y el pianista Juan Francisco Parra ponen en escena hoy y mañana, en el Auditorio de Tenerife, La voz humana, la obra de Jean Cocteau con música de Francis Poulenc estrenada en 1959 y que en esta ocasión está dirigida por Víctor Manuel Dogar. La soprano tinerfeña resalta las ganas que tiene todo el equipo de subir al escenario esta propuesta que narra “una historia real que incluso muchos podríamos haber vivido”. Así, Acosta reconoce que “muchos de nosotros nos hemos podido pasar de la raya en algún momento y por eso nos podemos ver reflejados en Ella, en la protagonista”. Pero más allá de la trama o el mensaje, la artista destaca “la belleza musical de las melodías” de Francis Poulenc que convierten a este propuesta en “una de las mejores obras del siglo XX para mí”.

¿Cómo describiría la propuesta de Jean Cocteau en La voz humana?

Es un monólogo genial que forma parte de la historia del siglo XX, no solo como la ópera de Francis Poulenc, sino como obra de teatro. Todos los elementos que se le fueron añadiendo la han hecho tan difícil como apasionante. Trata sobre una mujer a la que el único vínculo que le queda con su pareja es el teléfono e intenta mantener la llamada por todos los medios. Trata de un tema muy actual porque se puede extrapolar a la gente que se conoce ahora a través de las redes sociales y mantiene sus relaciones a través de ellas. También es una llamada de atención, tanto del autor y como del compositor, a cuidarnos para no caer en los amores tóxicos que pueden conducir al suicidio.

Es, por tanto, un proyecto complicado, que exige mucho de la cantante. ¿Sale agotada de cada función?

Sí, la verdad que es agotadora emocionalmente. Tal y como está escrito el texto se puede descubrir el carácter de la protagonista, que a veces es una mujer callada y muy juguetona mientras que otras veces está totalmente hundida al creer que no hay futuro si no está con su amado. Hay veces en las que ella está hablando por teléfono y da la sensación de que él ni siquiera está escuchando o que la conversación está cortada. Ella intenta en todo momento mantenerlo al teléfono de todas las maneras posibles porque no quiere perder el contacto bajo ningún concepto. Tal y como se dice en un momento, ‘este hilo es lo único que nos une’, por lo que es una obra llena de simbolismo.

Tanta intensidad de emociones conllevará una completa preparación antes de subirse al escenario.

La música del siglo XX y este monólogo conllevan una preparación intensa, sí. Hay mucho que aprender en ella pero si el cantante tiene los recursos dramáticos necesarios, el público la entiende sin problema. A mí siempre me ha gustado la interpretación y por eso precisamente estudié en Inglaterra y, sorprendentemente, me llaman más la atención los papeles dramáticos, aunque mi carácter no es nada extremista.

En escena cuenta con el único acompañamiento de Juan Francisco Parra. ¿Qué tipo de relación se crea entre ambos?

Por el lenguaje musical que se emplea en la obra, a veces el piano responde al diálogo de la protagonista así que debemos contar con una persona con una alta preparación para que esa obra tenga el peso y el empaque que se merece. Y eso lo logramos gracias a Juan Francisco Parra.

Se trata de un texto escrito en la década de 1930 pero que presenta un perfil de mujer que se puede encontrar también en la actualidad.

Jean Cocteau se inspiró para escribir esta obra en la figura de Edith Piaf, que fue una gran artista y una mujer con una gran sensibilidad pero que protagonizó diversas relaciones imposibles y eso también la condujo al deterioro que terminó con ella. Pero las pasiones siguen y son atemporales y eso nos lleva hasta la actualidad. No obstante, esperamos que, cada vez más, la mujer logre su independencia y no llegue a estos extremos. Es necesario que las mujeres cojamos confianza para no llegar a estos niveles de dependencia emocional, que lamentablemente puede estar ligada a una autoestima baja. A nuestra protagonista se le ve un carácter extremista y eso es señal de alarma.

Pedro Almodóvar adaptó recientemente este texto en el que ha sido su primer cortometraje, con Tilda Swinton. ¿Qué opina de esa propuesta?

Indudablemente que se acerque al público esta obra y, además, de una manera tan brillante como lo hace Almodóvar es una buena noticia porque además la gente percibe esta propuesta de una forma más natural. En el Auditorio esta obra estará subtitulada al español para que todo el público pueda comprender lo que está sucediendo. Pero es cierto que hay que destacar que exista tal variedad de propuestas porque eso siempre es bueno. También hay que resaltar que, en este caso en particular, se trata de un papel muy intenso y para mí es como un vía crucis que recorro con todos sus pasos.

¿Cómo vive la situación actual en el mundo de la cultura, con todas las restricciones que se están produciendo?

La verdad es que se nos han cancelado bastantes cosas que teníamos preparadas pero yo no me puedo quejar porque hace poco estuve con Ópera de Tenerife haciendo el Requiem de Donizetti e hicimos La voz humana en La Palma. También hay que resaltar la valentía de Auditorio de Tenerife para mantener abierto el recinto. Las medidas de seguridad que hay son alucinantes. Me parece admirable porque muchos teatros de capital privado del mundo aún no han abierto sus puertas. La gente necesita de la cultura en estos momentos; necesita enriquecerse, volar y nutrirse de cultura. Además, son actuaciones muy sentidas y especiales por el momento que estamos viviendo.



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