Este es el balance desde que comenzaron los ataques israelíes a la franja de Gaza el día 8 de julio: 1.230 palestinos muertos, entre civiles y militares y 53 militares israelíes.

Evidentemente las cifras son fatales para los habitantes de Gaza a la que le resulta cada día más complicado huir de los bombardeos. Más de 170.000 personas, según las agencias de la ONU, se han visto desplazadas de su hogar a las escuelas de UNRWA (Agencia de la ONU para los refugiados) que se han convertido en refugios ya sobrecargados. En una clase se cobijan unos 80 refugiados, lo que provoca que las condiciones de higiene sean precarias por el hacinamiento y la falta de agua. Para intentar aliviar la situación las autoridades palestinas han ofrecido escuelas públicas, mezquitas e iglesias como refugios alternativos, cuya situación será comunicada al ejército israelí.

Pero ¿son estos lugares seguros? Desde el comienzo de los ataques ya son dos las escuelas bombardeadas, la última de ellas el pasado jueves 24 de julio, donde murieron 16 personas entre los que había seis niños y dos trabajadores de UNRWA. El centro había sido habilitado para acoger refugiados y en él vivían 3.200 personas.

Ni las denuncias de la comunidad internacional, ni las de la propia ONU cuya Alta Comisionada, Navi Pillay, ha acusado a Estados Unidos de proporcionar armamento al ejército israelí y no hacer lo necesario para parar la ofensiva contra Gaza, sirven para un alto el fuego. “EEUU tiene influencia sobre Israel y debería hacer más para parar las muerte y colocar a ambas partes del conflicto a dialogar” decía Pillay, “además se ha gastado miles de millones de dólares para establecer una protección contra los cohetes que protejan a los civiles israelíes, una protección con la que no cuentan los civiles de Gaza”.

El primer ministro israelí se niega a dar por finalizada esta matanza y en un mensaje televisado para todo Israel asegura que su “ejército está preparado para una ofensiva más larga (ya dura 24 días) que no va a parar hasta lograr su objetivo de destruir de neutralizar todos los túneles” construidos por Hamás.

David se ha convertido en Golliat, el cual se desangra ante una comunidad internacional pusilánime que no se atreve a enfrentarse al niño de la honda que controla la economía mundial.

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Piedad Milicua

Piedad Milicua

Estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual casi graduada. Ojalá mi vida fuese una novela que se adaptase al cine
Piedad Milicua

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