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Cuando empezó la pandemia de coronavirus Donald Trump se posicionó con los más escépticos. Aseguró que nunca sería una amenaza para los Estados Unidos y, durante meses se dedicó a minimizar el virus, rechazando el uso de mascarillas y hasta burlándose de quien las utilizaba, como su adversario demócrata Joe Biden.

“No uso una máscara como él. Cada vez que lo ves, él tiene una máscara. Podría estar hablando a 60 metros de ti y aparecería con la máscara más grande que he visto”, le dijo Trump a Biden durante el debate este martes. Ahora, el presidente de Estados Unidos ha dado positivo por coronavirus y se ha visto obligado a parar su campaña y entrar en cuarentena.

Desde inicios de año, el presidente se ha dedicado a desdeñar el virus. A nivel interno, el presidente no ha dudado en criticar a los alcaldes y gobernadores que en los primeros compases de la pandemia se apresuraron en adoptar restricciones. Trump daba por hecho que el virus en algún momento “desaparecería” y advertía de los efectos económicos que acarrearían los cierres, en un momento precisamente en el que pretendía vender la economía como su gran bandera para la reelección en noviembre.

También ha cuestionado las recomendaciones de higiene y salud pública más básicas, como el uso de mascarilla. Inicialmente descartó completamente su uso, para posteriormente apoyarlo -a finales de julio- aunque con matices, ya que solo se la ha puesto en actos públicos en contadas ocasiones.

“Mucha gente no lleva mascarillas. Hay muchas personas que creen que las mascarillas no son buenas“, argumentó a mediados de septiembre durante un evento organizado por ABC News. Tampoco ha guardado las distancias con otras personas -según la Casa Blanca todo su entorno se hacía pruebas frecuentes de coronavirus- y apenas ha variado sus actos públicos en campaña.

Al contrario que Biden, el presidente ha seguido organizando grandes mítines donde era frecuente ver a personas juntas y sin mascarillas. Especialmente polémico fue el mitin organizado el 13 de septiembre en Las Vegas, por ser bajo techo e incumplir las normas estatales que prohibían la reunión de más de 50 personas en lugares cerrados.”Estoy en el escenario y está muy lejos”, justificó entonces en una entrevista y, de hecho, al día siguiente repitió el formato en Arizona.

Trump también habría incumplido las recomendaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) este mismo jueves, ya que su asesora Hope Hicks, con la que había mantenido contacto durante días, dio positivo por la mañana y el presidente aún asistió a un evento de recaudación de fondos, según NBC News.

Sin rigor científico

El escaso rigor científico de Trump a la hora de hablar de efectos de la pandemia o de
tratamientos para hacerle frente le ha valido no pocos reproches de la comunidad médica. El epidemiólogo de la Casa Blanca, Anthony Fauci, ha ido perdiendo protagonismo público a medida que se han hecho evidentes sus diferencias con las tesis presidenciales.

En mayo, Trump aseguró que estaba tomando hidroxicloroquina, un fármaco contra la malaria, como medida de prevención frente a un posible contagio. Solo un mes después, la agencia del medicamento estadounidense (FDA) retiró la aprobación de emergencia que había dado a este medicamento como tratamiento frente a la COVID-19, al considerar no solo que era inecaz sino que podía tener efectos secundarios.

También llegó a plantear, en abril, la posibilidad de tratar el coronavirus con luz solar o aplicando una inyección de “desinfectante“, para estupor también de asociaciones médicas que se vieron obligadas a recordar a la ciudadanía los riesgos de consumir lejía.

Con el positivo por coronavirus, Trump suma a la lista de líderes internacionales que han contraído la enfermedad después de mostrarse tibios o directamente desdeñar los riesgos de la pandemia. El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, dio positivo en julio, mientras que el primer ministro, Boris Johnson, se contagió a finales de marzo y estuvo ingresado en cuidados intensivos.



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