Fotografía: Alberto Gamazo

Le agobian los periodistas, no le gustan las fotos, pero a lo largo de la entrevista Hanif Kureishi (Londres, 1954) se anima con una copa de vino y el encuentro comienza a parecerse a los argumentos de sus novelas y guiones, provocadores e incendiarios. No se corta con los vaciles, por lo que sus respuestas no deben tomarse demasiado en serio ni demasiado en broma, pero tampoco le importa lo que nadie pueda pensar. No está enamorado del movimiento punk del 77 del que fue testigo, pero está claro que algo del espíritu se le quedó. El autor de El buda de los suburbios y del guion de Mi hermosa lavandería ha pasado por Barcelona para dar una charla en el CCCB con una nueva novela bajo el brazo, Nada de nada (Anagrama, 2018), en la que insiste en un tema recurrente en sus trabajos de los últimos diez años: la vejez.

Su padre, que quería ser escritor —de hecho, publicó dos libros sobre la historia de Pakistán—, le criticaba por escribir sobre temas como sexo, drogas y tal, porque ser un poco frívolo. Al mismo tiempo, sus hijos [de usted, de Hanif Kureishi, N. del R.], ha dicho alguna vez, no estaban interesados en sus libros…

Efectivamente, mi padre publicó dos libros sobre Pakistán. Tengo tres hijos, uno está en este momento en la playa de Barcelona con su novia y dice que no vendrá a verme a la charla de mañana ¡porque está demasiado ocupado! Mis otros dos hijos, los gemelos, que tienen veinticinco años, se han convertido en guionistas. Así que están empezando a intentar hacer una carrera con eso. Lo ven difícil, pero les gusta intentarlo. Estoy muy feliz por eso. Mi padre era escritor, yo soy escritor y dos de mis hijos lo son también. No sé si es algo glorioso o, por el contrario, mala suerte.

Su padre le criticaba; ¿ellos cómo ven los temas que suele tratar?

No estoy seguro de que hayan leído los libros. Vieron las películas, eso sí, y sé que les gustaron. Y ahora ellos escriben las suyas propias. Uno de mis hijos, Sachin, tiene un estilo de escritura muy similar al mío, curiosamente. Así que empezamos a trabajar en esto juntos. Es muy estimulante para mí trabajar con él, con alguien que está empezando a ser escritor.

¿Y el resto de su familia? A veces se ha publicado que no estaban muy contentos con cómo les ha retratado en algunos libros autobiográficos.

Bueno, qué le vamos a hacer. Es que yo soy escritor, cuento historias. Es lo que hago para vivir. La gente se queja, a veces sí, a veces no, pero no me importa. Tienes que resistir y seguir trabajando, seguir haciendo tu trabajo con honestidad y con gracia. Eso es lo único que importa.

Siempre habla de lo importante que fue para usted la escuela de su barrio, a la que había ido Bowie, y haber crecido en el suburbio en aquellos años de efervescencia cultural.

Estando en los suburbios era todo muy aburrido. Generalmente muy aburrido, pero a veces, ocasionalmente, todo se volvía muy divertido. Excitante. Fueron los años sesenta y setenta. Desde finales de los sesenta hasta el punk. Todo el mundo estaba muy interesado en la ropa, en la moda. No teníamos dinero, pero podíamos encontrar qué ponernos en King’s Road, aunque lo más importante en realidad fue la música. Fue una época musicalmente fabulosa. Todos los artistas que amamos de Gran Bretaña y Estados Unidos estaban vivos, estaban grabando, estaban trabajando. Esperábamos el nuevo disco de los Beatles. Vimos la película de Woodstock, aunque no fuimos. Sabíamos que estaba pasando toda esa creatividad, aunque no éramos parte de esa escena, podíamos escuchar la música y podíamos comprar libros, Kerouac, Allen Ginsberg, etc. Luego, aunque fuéramos del suburbio, podíamos estar en King’s Road en una hora. Aunque nos sentíamos aislados, podíamos llegar fácil al meollo. Éramos conscientes de la revolución cultural e ideológica que estaba teniendo lugar, feminismo, Vietnam, la gente joven, el psicoanálisis…

Luego aparecieron los Sex Pistols y a raíz de ellos los círculos como los de Bromley Contingent, con Siouxie y Billy Idol. De repente todo el mundo empezó a ir a la tienda de Malcolm McLaren a vestirse. Todos empezaron a llevar ropa bondage cogida con imperdibles. Aunque era una época dura, los setenta en Londres estuvieron bien. Todo lleno de casas okupas, y podías vivir con muy poco. Lo que más recuerdo era el frío que pasábamos, nadie tenía ninguna calefacción. De verdad, todo el puto día helado de frío estuve en esos años.

Ese Londres no era como es ahora, ahora es una ciudad, como Barcelona, donde todo es caro. Ya no puedes vivir de esa manera. Mis hijos ya no viven así. Viven con su madre. ¿Por qué? Porque no pueden permitirse un alquiler y ya no hay casas okupas, que era la manera de vivir cuando no tenías dinero. Desde esta óptica, aquel Londres molaba. Y si eras joven y querías ser artista, la gente trabajaba en la industria del porno, se prostituía… Yo escribí pornografía. Otros se metían en grupos de música. Había gigolos, estafadores, era todo muy al estilo de Lou Reed. Si quieres saber cómo era, solo tienes que escuchar a The Clash, que son como una crónica de aquella época. O a The Jam.

Han salido algunos artículos hace poco con estudios que sostienen que solo se pueden dedicar a actividades artísticas los jóvenes que tienen familias con dinero.

Probablemente sea cierto, pero también salen muchos artistas de YouTube. Yo no sé nada de eso, pero mi hijo está enterado. Hacen películas también, las cuelgan ahí. No sé si con eso se ganan la vida, pero hoy en día puedes hacer un corto muy barato usando solo el teléfono, y si lo pones en YouTube la gente lo verá. No sé si te pagarán por hacerlo, quién sabe, yo no sé cómo funciona eso, pero puedes ser artista y que tu trabajo llegue a la gente. Algo que nosotros no podíamos hacer. Yo tuve que ir a Channel 4 a que pusieran medio millón de libras para que rodásemos Mi hermosa lavandería. Mucho dinero en aquella época, ahora costaría como cinco millones de libras.

Mi otro hijo, el que está en la playa ahora mismo, hace música en su dormitorio, tiene ahí todos sus instrumentos y luego sube la música a SoundCloud. Lo que no sé es si alguien lo escucha. Así que sí que puedes ser artista hoy en día… si es que ¡hoy todos son artistas!

Gracias a la tecnología.

De alguna manera, lo hace más fácil. Mis hijos me ven a mí, que estoy todo el día tirado por ahí sin hacer nada y me pagan, y les parece que el mío es un buen trabajo. De hecho, amo mi trabajo, no podría hacer otra cosa. Soy demasiado vago para trabajar.

Cuando fue testigo del estallido del punk en 1977, sintió que era distinto a esa gente porque era un joven, digamos, más leído.

Sí, leía mucho. La mujer que está escribiendo mi biografía y tiene mis diarios me ha comentado que no escribía sobre fiestas, ni conciertos, ni nada de ese tipo, sino que solo comento lo que leía. Mis diarios son un extenso catálogo de lecturas. Escribía sobre lo que leía. Textos que, obviamente, la han agotado. Leía a Balzac, Dostoyevski, Stendhal, toda esa literatura dura a la edad de catorce o quince años. También leía a Nietzsche, me interesó mucho la filosofía. En la universidad seguí con la filosofía, en mi familia, tanto en la India como en Gran Bretaña, siempre se hablaba mucho de política. En Londres iba mucho a las galerías de arte, luego trabajé en el teatro. Así que mis diarios, en lugar de sexo y drogas, lo que tienen es, básicamente, análisis de libros y pinturas.

El punk no le dejó huella, entonces.

El punk era una forma original de arte; es una buena pregunta si me ha dejado algo, si tuvo algún valor… Probablemente, Sex Pistols, Clash y Vivienne Westwood han dejado huella, pero no veo que hayan influenciado mi trabajo. El punk era algo mucho más proletario que los hippies. Todos los chavales que se hacían punks venían de barrios con viviendas de protección. Eran niños pobres haciendo música de tres acordes y sus fanzines mientras esnifaban pegamento. Era una revolución proletaria. Muy bonita de ver, por otra parte.

En esos años yo iba mucho a clubs gais y estaba también metido en el rollo disco. Esos años no fueron solo de horrible música de tres acordes y gente gritando. Es algo que puedes ver en Bowie, aunque él era muy punk, siempre utilizaba mucha música disco. Vivienne Westwood y Alexander McQueen fueron muy relevantes, la forma de vestirse y la moda fueron muy importantes. Fue una creatividad que venía de niños, como los que hoy están haciendo música con ordenadores, pero estos eran de la calle.

Bowie hizo la banda sonora para la adaptación de su novela El buda de los suburbios a serie de televisión y se hicieron amigos. ¿Qué tal era?

Intimidaba, porque era una gran estrella. En los noventa estaba limpio, no bebía, no se drogaba, no tomaba cocaína. Le poníamos de mala hostia cuando nos metíamos, se enfadaba con nosotros si fumábamos porros en su habitación de hotel. Se ponía como loco, pero era un gran hombre. Un tipo encantador y muy enrollado. Tampoco era un artista muerto de hambre que fuese sufriendo por la vida, era un tío muy feliz que quería mucho a su mujer. Solía venir a visitar a mis hijos recién nacidos. Estaba lleno de vida y energía, quería hacer cosas todo el rato y ver gente aquí y allí, así que era muy buena compañía. Le caía muy bien a todo el mundo, algo curioso.

Pero con él vi lo terrible que es ser tan famoso. Es que, simplemente, no podía ir a ningún lado ni hacer nada. Sufría un constante maltrato, un agobio. Todo el mundo, en todas partes, venía y se ponía a su lado. No dejaban de mirarle fijamente. De alguna manera, también era un prisionero de su fama. Nunca se quejaba, porque si tuvo un objetivo en su vida era ser rico y famoso, pero es que no podía andar por la calle. A veces nos íbamos juntos al teatro y en el descanso íbamos a coger un helado y se le acercaba todo el mundo a hacerse fotos. Era como un objeto público. A su lado le pedí a Dios no llegar nunca a ser algo así.

Dijo en una entrevista que le encantaba la revista Hello!

¿Lo dije? No me acuerdo de eso, la verdad es que no soy un gran fan de ese animal, quizá en ese momento estaba enamorado de la cultura basura. Actualmente, leo el Daily Mail, estoy al día de todo el cotilleo, que me gusta mucho, pero nunca leería Hello!

Según usted, todos los escritores son unos cotillas.

Sí, sí, igual que todo el mundo. Como si eres peluquero o taxista, cotilleas como todo el mundo. Todos tenemos una opinión sobre el nuevo corte de pelo de David Beckham.

¿Cuando se juntan los escritores no hablan de temas profundos?

En una cena de escritores, probablemente, dos hablarán de sus agentes y los otros dos de su editorial. Y tres de ellos contarán que fueron a un sitio a algún acto y alguien les agobió.

Dirigió una película, London Kills Me, que hablaba de un chico que quería dejar el tráfico de drogas y tener un empleo normal, pero para trabajar de camarero le exigían tener unos zapatos presentables, por lo que tenía que seguir traficando para conseguir unos zapatos. ¿Qué queda de ese Londres que retrató?

Poca cosa. London Kills Me está situada en Notting Hill. Si ves hoy ese barrio, es un lugar muy rico, todo lleno de tiendas y bares elitistas. Cuando rodamos ahí era justo cuando estaba empezando a cambiar. No me acuerdo en qué año la hice… luego mi amigo filmó la suya con Julia Roberts y poco después el barrio se convirtió en un lugar para superricos. Yo nunca podría permitirme una casa ahí, sería absolutamente imposible. Lo que retraté fue el último momento del viejo barrio, cuando había negros, drogas y putas, toda esa vida de la calle. Cambió muy rápido, como todo Londres, que hoy en día es una ciudad para ricos. Si eres una persona normal con un trabajo normal, es imposible que vivas ahí. Quizá experimente cierto declive ahora con el brexit, quién sabe…

¿Qué le ha parecido la decisión que ha tomado su pueblo?

Ha sido un horror. Un horror, un horror…

¿Quiere otro referéndum?

No tengo ni idea de si va a ser posible convocar otro, espero que sí, pero lo dudo. El referéndum que tuvimos fue muy apresurado y ahora todo el mundo está luchando para que el brexit sea suave. Estamos en manos de los locos del partido conservador. El brexit es la mayor tragedia que le ha ocurrido a nuestro país desde la guerra. Ha sido un desastre; un desastre sobre todo para la gente joven, porque casi todos los jóvenes votaron quedarse en la Unión Europea, igual que los que cumplen ahora dieciocho años. A estos jóvenes les han jodido los viejos, básicamente. También ha habido un debate sobre qué clase de Gran Bretaña queremos, si un lugar cosmopolita, internacionalista y libre, o queremos un Reino Unido basado en la nostalgia de los ideales perdidos del imperio. Es terrible lo que hemos hecho, no os aconsejo que lo hagáis.

Aquí son los independentistas catalanes, que quieren salirse de España.

¿Sí? ¿Se quieren separar de España?

Sí.

¿Pero no es Cataluña muy rica? ¿Por qué quieren separarse? ¿Se quieren salir de la Unión Europea?

Diría que la mayoría de ellos no, que quieren la independencia, pero dentro de la Unión Europea.

Pero tendrán que solicitar el ingreso…

Volviendo a London Kills Me, ¿es verdad que el título lo sacó de un cartel publicitario de España que decía «Madrid me mata»?

Creo que sí, tengo en la memoria a David Byrne hablándome de ese eslogan.

Ha dicho hace poco que en Londres hay tanto dinero que no se vive bien.

El dinero hace inaccesibles muchos lugares. Por ejemplo, yo cuando voy a tomar algo, voy a cualquier bar de la calle. No me importa, voy con mis amigos y me da igual. Pero mis hijos quieren ir a sitios exclusivos, a un club donde pagas y todos los niños están  ahí con sus ordenadores. Odio eso. Nunca voy a ir a esas mierdas. Mis hijos lo adoran, dicen que hay una piscina… Encima vas y solo hay gente blanca y rica. A mis hijos les encanta lo exclusivo y lo cool. Les digo que eso es lo peor que hay en el mundo, pero les encanta la terraza, las vistas, la piscina… Les digo que lo mejor que hay es un bar cutre con camioneros y me contestan que pretendo ir de duro.

Cuando empezó a escribir hablaba de glam, de punk, de drogas, de acid house, que era lo propio de la época, pero se interesó por reflejar un fenómeno que entonces era impensable dentro de Europa, el fundamentalismo islámico, que ahora es un grave problema. ¿Se imaginaba que sería así?

Nadie más que yo lo pensaba. Salman Rushdie era amigo mío y recuerdo el día de la fetua, los días previos, el terror, el miedo. Luego pasé mucho tiempo con chicos jóvenes fundamentalistas y todo lo que vi lo reuní en mis libros El álbum negro y Mi hijo, el fanático.

¿Fue un visionario?

No soy un visionario, simplemente hablé con esos chicos y me di cuenta de que eran muy peligrosos y muy revolucionarios. Pero, claro, en aquel entonces todos mis amigos eran muy revolucionarios, todos eran comunistas, trotskistas, maoístas, estalinistas… Toda mi generación, todos. Recuerdo, por cierto, a uno que era maoísta y ahora tiene cuatro casas. Para mí no era extraño que la gente joven fuese revolucionaria, crecí con eso. Por ejemplo, mi amigo Christopher Hitchens, que creo que estaba en el Partido Comunista; pero estos chicos se lo tomaban muy en serio. Lo que vi fue que se lo podían tomar muy en serio. Querían crear un Estado, lo que luego ha sido ISIS, pero te estoy hablando de principios de los noventa, cuando nadie hablaba de esto. Un peligro que solo se ha tenido en cuenta a partir del 11S.

Recuerdo que en esta época iba por la calle y me encontré con mi amigo Brian Eno. Me preguntó qué hacía y le dije que estaba escribiendo sobre islamismo, pero que nadie estaba interesado en eso. Y contestó: «Pues yo sí». No fui nada optimista, no esperaba que le interesase a nadie, pero me impresionó mucho que hubiera jóvenes revolucionarios que quisieran irse a Yemen a establecer su propio Estado basado en los principios islámicos. Lo veía todo muy ido de madre y por eso me dio por escribir sobre ello.

Los comunistas se quedaban en un nivel teórico y estos estaban dispuestos a llevar a la práctica sus creencias.

Bueno, el comunismo no fue teórico en el este de Europa. No era teórico en Praga. Aunque en Londres sí que se quedó solo en eso, en teorías. En Mi hijo, el fanáticohay una conversación entre el niño y su padre en el restaurante, donde se habla de la corrupción de Occidente, de que ellos son malos musulmanes, y tienen un largo debate sobre qué hacer si tu padre es un mal musulmán; lo puse porque estos chicos solían castigar a sus propios padres si no rezaban, si leían Hello! o si les pillaban con un vaso de whisky. Era hilarante, pero muy chungo.

Viajó a Pakistán y comprobó que el islamismo había ocupado el espacio que el marxismo o el leninismo no habían podido conquistar. Dijo que le pareció un neofascismo, que le recordaba al nazismo incluso.

Después del colonialismo quedó un gran espacio político y el islam lo ocupó muy bien. El marxismo no lo había conseguido y estas sociedades no estaban desarrolladas todavía para el capitalismo. Pakistán estaba muy mal después de la independencia y el islam radical encajó muy bien en la situación. En realidad no creo que sean nazis, sino más bien fascistas. El fundamentalismo se tomó como una forma de ver la vida, de organizar la sociedad, de relacionarse entre ellos, de tratar con el género opuesto, de cómo se educaba a los hijos, de cómo comes, con esta mano o con la otra. Un control total de todas las facetas de la vida.

Para mí asistir a todo eso fue un shock, porque yo era un hippie de izquierdas, fue la primera vez que vi en mi familia una ideología totalitaria. Nunca había vivido en un país comunista donde cada aspecto de tu vida es controlado, donde estás asustado y tienes miedo, donde se te observa… por eso fue un shock. Luego no hice más que ver cómo se extendía el fundamentalismo por todas partes hasta que llegó lo de Rushdie, que para mí ya fue increíble.

Miembros de su familia empezaron a ir a las mezquitas, cosa que antes nunca habían hecho.

La generación joven de mi familia, todos mis primos, son todos religiosos, pero mi tío y mi padre no lo eran en absoluto. Ellos se tomaban la religión a broma de la misma manera que en España a un cura no te lo tomas en serio, lo ves como un abusador sexual y un idiota, lo que piensa la gente normal. Por eso me sorprendió que mis primos empezaran a ir a la mezquita, pero al mismo tiempo, qué curioso, quieren mudarse a Estados Unidos.

¿Cómo explica eso?

Porque la realidad es que están atrapados en un país de mierda.

Dijo en una entrevista en El País, en 2002, que solo  tenían dos opciones: envidiar a Occidente y alcanzarlo o envidiar a Occidente y rechazarlo.

Ellos quieren ir de compras, quieren ir al centro comercial, quieren comprar toda la mierda de Occidente, pero de alguna manera quieren conservar su identidad, que de otra forma simplemente desaparecería, y entonces ¿quiénes serían ellos, cuál sería su identidad? ¿Cómo puedes sobrevivir en términos de identidad en un país como ese? No te queda más remedio que convertirte en más religioso, aunque lo que quieras sea mandar a tus hijos a un buen colegio, tener un buen trabajo y una casa bonita y poder comprar cosas bonitas. V. S. Naipaul lo explicó muy bien en su libro Among the Believers.

En sus libros dice que para ellos Occidente no es más que «fornicación», pero, por otra parte, a los yihadistas cuando mueren en la guerra se les prometen setenta y dos vírgenes; ¿no es contradictorio?

Lo que no entiendo es por qué las quieren vírgenes, ¿no sería más deseable que fuesen mujeres con más experiencia? Una amiga musulmana me dijo una vez que no eran vírgenes lo que les esperaba, que estaba mal traducido, que son uvas. Imagínate, qué decepcionante para alguien que mata a tanta gente, que tiene que morir inmolándose, llegar luego al cielo preguntando por las vírgenes, ¡vamos, nenas!, y que le digan: «No, no, eso está mal traducido, son setenta y dos uvas». Se van a cabrear mucho en el cielo.

He leído recientemente un artículo en Mediterráneo Sur que enumeraba una lista de influyentes islamistas, cada uno de un país, y todos eran niños bien que habían venido a estudiar a Occidente.

Es que el padre de Bin Laden tiene cincuenta y cuatro hijos, como puedes imaginar, Osama no recibió mucho interés. Se conoce que quiso dar un gran toque de atención. También, como puedes ver, odian a Estados Unidos. No es algo que yo comparta, pero mucha gente odia ese país porque se comportan de forma muy arrogante, son unos matones en todo el mundo. Es comprensible que la gente esté irritada con ellos y los estadounidenses parece que no entienden eso, piensan que la gente que les odia está completamente loca. Después de cómo se comportaron, especialmente en Vietnam, me sorprende que alguien tenga cualquier tipo de simpatía por ellos en general. Pues añade todas las invasiones que ha habido desde entonces. Están completamente sorprendidos de que no puedan ir matando gente por el tercer mundo y conservar la superioridad moral al mismo tiempo. Es bastante absurdo. Por otro lado, es bastante común en las familias con dinero del tercer mundo enviar a sus hijos a educarse a Gran Bretaña, como mi padre o mis tíos.

Pero ellos no se radicalizaron.

Odiaban el imperialismo occidental, pero les gustaban los británicos y sus valores. El imperialismo colapsó por motivos económicos y por Gandhi, pero es una idea que se basa en la superioridad del hombre blanco sobre la gente del tercer mundo, no sé, quizá sea fácil entender por qué les irritaba.

Su teoría es que el mundo estuvo dividido entre capitalismo y comunismo y ahora lo está entre capitalistas y musulmanes.

Es una pena la falta de ideas y alternativas que hay al neocapitalismo. Mis hijos no son marxistas, no tienen ninguna idea de lo que era el comunismo ni de cómo fue, nunca han ido a ningún país comunista que no sea Cuba y nadie quiere quedarse a vivir allí, solo estar de vacaciones. Hace falta una alternativa al mundo en el que vivimos, es una verdadera pena que no la haya. Algo que pueda moderar el capitalismo, pero parece que nadie es capaz de crear una nueva manera de vivir, una nueva ideología. Me da pena la falta de alternativas. Tú que eres de Belgrado y no vives allí lo puedes ver. La ideología marxista se fundió a sí misma.

Dejó salud y educación públicas.

Vengo de una familia pobre y también tuve eso, y educación pública, y bibliotecas, y no viví en un país comunista donde querían tener el control total sobre mi vida. Aunque ahora los americanos también quieren tener el control en esa tremenda mezcla entre el totalitarismo y las libertades…

¿Sabe que en España un actor está procesado por haber blasfemado?

¿De verdad? No sabía eso. Mi novia es italiana y la semana pasada estuvimos en Segovia. Me dijo: «Es que los españoles se toman el catolicismo más en serio que los italianos, les encanta torturar a la gente, los españoles son una especie de islamistas cuando se trata de catolicismo». Ella dice que los italianos son mucho más moderados, también son católicos, pero no se vuelven tan locos como los españoles. Es un poco condescendiente con los españoles, pero aun así me sorprende que juzguen a un actor por blasfemar.

¿No le gusta la Semana Santa española?

¡Me encanta! Mis amigos gais se excitan mucho con eso.

La primera vez que lo vi me sorprendió mucho.

En Italia lo hacen también, es una completa locura. Pero creo que a los españoles, después de la mierda que hizo su equipo de fútbol en el Mundial, no les va a quedar más remedio que pasear a la Virgen. Creo que toda la nación debería flagelarse por su rendimiento en el Mundial. Pon esto en tu puta revista: ¡Una vergüenza para toda la nación! Yo nunca voy con Inglaterra y este año había decidido ir con España…

¿Por qué?

Porque soy indio. Mis hijos van con Inglaterra y se vuelven locos conmigo: «¡Cómo no vas con Inglaterra!».

Bueno, en la final yo iba con Croacia y soy serbia.

Croacia jugó de puta madre. Luka Modric es un gran futbolista. Pero yo iba con España y acabé en estado de shock de lo mal que jugaron. Tenía muchas esperanzas puestas en ellos.

Dijo usted, refiriéndose a Margaret Thatcher: «Es nuestro Franco».

Thatcher introdujo en Gran Bretaña un neoliberalismo que nunca antes habíamos visto, no sé de dónde tomó la idea, debió ser de Estados Unidos. De los Chicago Boys. La llamo «nuestro Franco» porque cambió completamente el discurso en Gran Bretaña y todavía estamos sumidos en el fracaso del neoliberalismo; un fracaso total como sistema y también un fracaso a la hora de generar nuevas ideas.

Al menos, dijo, Gran Bretaña ha podido integrar otras culturas, algo que no ha sido capaz de hacer Francia, según usted.

Sí, Francia es mucho más racista que Gran Bretaña. Es porque Francia tiene una idea de sí misma de que todo tiene que ser francés. ¿Por qué alguien iba a querer ser francés? Me parece una idiotez. Por otra parte, Gran Bretaña es mucho más abierta, mucho más tolerante. Gran Bretaña es menos vanidosa que Francia. Por favor, no me dejes empezar a hablar mal de Francia…

Pero si su director de cine más importante ahora mismo es tunecino, Abdellatif Kechiche.

Hombre, sí, Kechiche es genial, es fabuloso. Pero la cultura francesa es mucho más blanca que la británica. La televisión, todo… Está todo mucho más segregado que en el Reino Unido. No sé por qué es, supongo que los franceses tienen una especie de sentido de su propia cultura, lo cual me parece ridículo, porque ellos en realidad no tienen ninguna cultura, o no tienen ninguna nueva. Pero Kechiche es muy bueno, Cuscús y La vida de Adèle son muy buenas películas.

A Almodóvar y a Buñuel los ha citado como influencias.

Me encanta el trabajo de Almodóvar. Es subversivo. Hace poco hizo una película que nos gustó mucho a mí y a mi novia, Los amantes pasajeros. Me encantó que fueran tomando éxtasis, con el avión cayéndose. ¡Nos encantó! Soy muy fan de su trabajo. Le adoro.

Bueno, se conocieron, ¿no? Almodóvar quería trabajar con un guion suyo, ¿no es así?

Le conocí, sí. Me pidió que escribiera una película para él. Quiso rodar en inglés y vino a preguntarme si lo haría, porque le encantaba Mi hermosa lavandería. Me pidió escribirlo, cenamos. Pero le dije: «Deberías seguir haciendo las cosas en español, es mucho más tu estilo; la voz, la forma de ser, si te va bien en español, sigue». Fue hace mucho tiempo, en los noventa. Me autoexpulsé del proyecto.

Qué pena.

No me necesita, está perfectamente bien sin mí. Yo soy más conservador que él, soy una persona muy decente y muy familiar…

Igual le pega más Luis García Berlanga.

¿Quién es?

Un director español, ya fallecido, con un humor muy ácido.

Tendré que verlo, siempre busco películas nuevas.

Me llama la atención la obsesión que ha desarrollado hacia la vejez y el conflicto generacional. En la película Venus, que escribió, estaba el tema, un anciano y una chica joven. También en otra película suya, La madre, una mujer mayor que se lía con un obrero joven. Igual que en su libro El regalo de Gabriel, sobre un crío con un padre viejo rockero, y el último, Nada de nada, sobre un cineasta anciano y postrado y su esposa…

Nada de nada es sobre alguien que pierde todo, no puede andar, no puede mover los brazos y encima su mujer le está engañando con alguien más joven. Me gusta escribir de personajes que se están convirtiendo en alguien que lo ha perdido todo. Es algo terrible de ver, pero el tío sigue estando vivo, está enfadado, pero sigue siendo creativo, hace una película encerrado en su pequeña habitación. Tiene esa voz, puede hablar; la voz de ese viejo se convirtió en mi voz en el momento en el que estaba escribiendo el libro. En Venus, sin embargo, el personaje que interpretaba Peter O´Toole estaba obsesionado con una mujer joven, el de Nada de nada con quien está obsesionado es con su mujer, que tiene sesenta años, ni diecisiete ni dicienueve, tiene sesenta. No es una lolita.

La verdad es que toda la gente que conozco es mayor y tiene padres que son mayores. Yo tengo sesenta y mi madre está todavía viva, tiene noventa y dos años. ¿Puedes creerlo? Los padres de mis amigos igual, cada vez son más mayores y están más enfermos. Tengo un hijo de diecinueve años y una madre de noventa y dos. Vivo en dos mundos distintos.

La situación «hamburguesa»: padres muy mayores e hijos muy pequeños, y uno es la carne en medio.

Eso he sido. Ahora mi hijo ya es mayor. Y mi madre sigue bien, la llamo, hablamos y su mente está bien, pero su cuerpo se encuentra completamente deteriorado. La verdad es que también me gustaría escribir sobre gente joven, pero no desde su punto de vista, sino desde el mío. Es una buena idea, debería ponerme a ello.

Los ancianos, cuando llegan a una edad, se convierten en niños.

Eres un ser lleno de energía, pero en una silla de ruedas.

Al protagonista de Nada de nada, que tuvo éxito en su día, ahora solo le quieren por sus contactos, por su influencia…

Solo quieren exprimirle. Como ya no puede hacer películas, ya no tiene estatus, no tiene poder, y para lo único que sirve es para que le roben lo que sabe o directamente su dinero. Es algo que puedes ver que sucede habitualmente con la gente común.

Una frase me ha llamado la atención: «La inteligencia y el esfuerzo no compensan la fealdad».

Es algo que se pregunta el protagonista, sobre el valor de la belleza. Porque en los sesenta ser joven y guapo era muy importante. Crecimos en una época en la que ser guapo era un premio, se valoraba mucho el cuerpo y la belleza. El protagonista ahora cree que igual todo eso era una estupidez. Estábamos atraídos por eso, por la belleza de los niños. Yo miro a mis hijos, que tienen veinticinco años, y lo comparo con cuando tenían quince y es que estaban esplendorosos. Ahora con veinticinco empiezan a no ser guapos, cuando tienes quince estás perfecto. Pero ¿qué más da?, ¿importa en realidad? 



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