En el último año han sido varios los diarios británicos que se han hecho eco la crisis española y de cómo ésta afecta a nuestra sociedad… y, de rebote, a la suya. Por ejemplo, hace unos meses fue bastante sonado un reportaje de la BBC en el que se mostraba cómo había crecido el número de españoles que habían decidido hacer las maletas e instalarse en UK. En el reportaje, como sucede en otros parecidos publicados en otros medios, se recuerdan datos como que la tasa de paro juvenil en España ronda el 55%, que hay más de seis millones de personas en desempleo o que el abandono escolar temprano supera el 25%.

Aquí, sin que las cosas vayan tampoco sobre ruedas, el paro juvenil, por ejemplo, ronda el 25%, una cifra impensable hace unos años. También se están poniendo en cuarentena algunas ayudas sociales, o “benefits” para ahorrar, y como sucedía en España no hace tanto tiempo, los inmigrantes empiezan a ser señalados como en parte culpables de los males de la sociedad británica. En las tertulias radiofónicas son muchas las opiniones que piden más control sobre los “benefits” que disfrutan los foráneos “sin (supuesto) control” y se pide al gobierno que sea menos flexible con la normativa europea que permite la libre circulación de personas.

También alguna noticia se ha hecho eco de situaciones provocadas por la crisis como la pérdida de vivienda por parte de muchas familias. Sí, la dación en pago también ha llegado a tierras británicas y no sólo en los telediarios. Algunos no han tenido más remedio que plantarse aquí por las bravas después de perderlo todo en nuestro país. Como Ana, nombre ficticio, a la que conocí al poco de llegar y con la que chateo de vez en cuando.

Ana fue la única que me contestó cuando este verano preguntaba en un foro sobre qué tenía que hacer para escolarizar aquí a mi hijo mayor y si tendría problemas por hacerlo fuera de plazo. Después de su respuesta, nos hablábamos de vez en cuando y un día, al poco de llegar yo aquí, quedamos en un parque para conocernos, pasar el día y que nuestros hijos jugasen juntos. Y me contó su historia. Ana llevaba viviendo en Londres un año. En España era dependienta y su marido, dominicano con la nacionalidad española, trabajaba en la obra. Compraron una casa, como tantos, y después de estar ambos tres años en paro, la perdieron. El banco se quedó con ella, la subastó y lo conseguido no cubría la deuda de su préstamo. Todavía les quedan 61.000 euros que pagar, a razón de 300 euros al mes en los próximos 17 años.

Con dos hijos pequeños y la losa de una deuda que no podían afrontar, decidieron poner rumbo a un lugar con más oportunidades. Primero pensaron en Canadá donde su marido encontró trabajo a través de un amigo. Pese a tener pasaporte español, cuando llegó a Toronto, la policía canadiense no le dejó salir del aeropuerto. Consideraba que su pasaporte era falso y que estaba entrando como ilegal. No le dejaron ni ponerse en contacto con la embajada española para que certificase que su documentación estaba en regla. En menos de 24 horas estaba en otro avión, rumbo a España, deportado.

Con sus ahorros y sus ilusiones perdidas llegaron a Londres con 300 euros. En unas semanas, buscándose la vida, encontraron varios trabajos para simultanear, pudieron alquilar una casa y, un mes y medio más tarde, traerse a sus hijos. Cuando conocí a Ana estaba absolutamente deprimida. No quería estar en Londres pero no veía otra salida a su situación. España le había cerrado todas las puertas y se vio obligada a salir de allí, “casi huyendo como las ratas”, por una ley injusta que le obliga a seguir pagando por una casa que no tiene. Ahora ve el futuro con más ilusión. Sus hijos son felices aquí y su marido tiene un trabajo que les permite vivir dignamente. Ella está aprendiendo inglés y también cuida niños para redondear el mes.

Quizá la de Ana sea sólo una gota en el océano. Son muchas las familias que han elegido venir a este país para progresar laboralmente, perfeccionar un idioma y vivir la experiencia que da salir de tu casa. Pero también son muchos los que no han tenido más remedio que hacerlo. Y esos son los que se sienten especialmente insultados con el “espíritu aventurero” que les imponía la secretaria general de Inmigracón y Emigración, Marina del Corral, o los que se vuelven del revés con cada apreciación sin gracia de nuestros políticos cuando anuncian que “estamos saliendo de la crisis”. “Desde la distancia” se ven las cosas de otra manera y a veces, en la lejanía, queda la duda de si nuestra mal llamada democracia y sociedad enfermas tendrán visos de cura.

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María E. Vicente

Casi un año viviendo en Londres que ha dado para mucho... sobre todo para darme cuenta de lo diferentes que son algunas cosas fuera de España. "Desde la distancia" se aprecian otros matices y esos son los que pretendo contar desde este espacio.

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2 Respuestas

  1. Saturno Devora

    Gracias mil por participar en esta idea que intentamos llevar a cabo todos juntos. Nos das la legitimidad periodística que buscamos y enriqueces esta publicación.
    Además con generosidad y desde otro prisma.

    Responder
    • María E. Vicente

      Gracias a vosotros. Es un gusto empezar un nuevo proyecto desde cero y más estando tan bien acompañada. Con vuestra energía, ganas de contar las cosas y arrojo ante la vida, tenemos que llegar lejos.

      Responder

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