Quim Torra ha dado al Gobierno un ultimátum para hablar de autodeterminación y PP y Ciudadanos piden volver a aplicar el 155 en Cataluña. Pese a ello, Pedro Sánchez se mantiene inalterable: no se plantea la intervención de la autonomía salvo que se produzca un flagrante ataque al orden constitucional, algo que no cree que se atreva a hacer el actual Govern.

El jefe del Ejecutivo lleva meses haciendo equilibrios para frenar cualquier paso hacia un nuevo referéndum secesionista y, a la vez, mantener abierta una vía de diálogo que evite un nuevo choque entre el Estado y la Generalitat. Todo un ejercicio de “malabares” que tiene a Josep Borrell como uno de sus principales ideólogos.

Se impone la “doctrina Borrell”

El ministro de Asuntos Exteriores era, antes del cambio de Gobierno, uno de los representantes del PSOE más beligerantes contra el procés independentista. Participó en varias manifestaciones españolistas en Cataluña y atacó con fuerza a PDeCAT y ERC, por “olvidarse de una parte de los catalanes e ir en contra de la ley”.

Su discurso, sin embargo, ha cambiado sustancialmente desde que pertenece al Ejecutivo. Ahora es uno de los más firmes defensores, dentro del Consejo de Ministros, de la puesta en libertad de Oriol Junqueras y del resto de ex altos cargos del Govern encarcelados. Tal y como él mismo dijo públicamente, “me gustaría que los presos estuviesen libres”.

Pese a ello, desde Exteriores se ha mostrado contundente ante cualquier acción del nuevo Govern. Así, respaldó y difundió entre las embajadas la réplica de Pedro Morenés al president en Washington, cuando desmintió que existieran presos políticos en España. Más recientemente, ha vetado la reapertura de las embajadas españolas en el extranjero.

Esta hoja de ruta, de “freno al independentismo pero buscando soluciones”, se ha convertido en “doctrina” para Pedro Sánchez, que ha hablado “largo y tendido” con Borrell sobre la situación de Cataluña: “Ha pedido consejo y Josep se lo ha dado. Y, al menos hasta la fecha, no se ha despegado de lo que han hablado entre ambos”, afirman al Confidencial Digital altos cargos del Gobierno.

Un plan para 20 años

El ministro de Exteriores ha comentado al presidente del Gobierno, y a su entorno más cercano, que para solucionar la actual situación de crisis política en Cataluña no se necesitan “medidas drásticas”, sino “mucha paciencia” y un “plan de acción a veinte años vista”.

En ese sentido, desde el Gobierno se compara, con todas las salvedades y diferencias existentes, el actual desafío soberanista con las últimas dos décadas de la banda terrorista ETA. En ese sentido, se afirma que “llegó un momento que se produjo una fricción entre los que apostaban por la lucha armada y los que vieron que había que llegar a otra solución. Y eso va a pasar en Cataluña”.

Así, tanto Sánchez como Borrell consideran que “la evidencia”, por parte de los partidos independentistas, de que no podrán conseguir nada saltándose la ley, “abrirá una oportunidad”, al Gobierno, para sentar las bases de la resolución de la actual crisis política: “El desgaste del independentismo es total. Hay que negociar para ir rompiendo el secesionismo, como ya pasó con ETA”.

“No” al 155 porque uniría al independentismo

Esas divisiones internas en los independentistas son, de hecho, una realidad, después del choque frontal la semana pasada entre PDeCAT y ERC que se solventó con un acuerdo de mínimos que no ha convencido a ninguno. Por ese motivo, sostienen desde el Gobierno, “no podemos permitir que se vuelva a unir”.

Sánchez, en este sentido, ha escuchado de Borrell la advertencia de no volver a aplicar el 155 en Cataluña, salvo que no hubiera más remedio, porque eso “volvería a unificarles en la causa común”. Algo que, añade, “Rivera y Casado no ven o no quieren ver”.

En el Gobierno acusan a ambos dirigentes de hacer “política cortoplacista” para “ganar votos”, aunque eso vaya en contra de la convivencia con Cataluña. Su estrategia, sin embargo, es otra: “Nosotros tenemos que hablar con unos y con los otros, negociar, e incluso llegar a acuerdos. Entonces, serán PDeCAT y ERC los que se den codazos para ser los interlocutores”.

Esa estrategia, de hecho, parece empezar a dar sus frutos, recuerdan en Moncloa, y ponen como ejemplo el cambio de estrategia de Esquerra en el Ayuntamiento de Barcelona, donde ha situado a Maragall como candidato a la alcaldía para buscar acuerdos con PSC y Colau… descartando al PDeCAT. Un antecedente que “puede repetirse” si “hacemos las cosas bien”.



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