Evidentemente, y tras ver la historia reciente de este país, ningún partido político mayoritario va a llevar a debate a los foros políticos la posibilidad de refrendar la sucesión de Don Felipe como rey de España. Y digo viendo la historia reciente porque por más que los ciudadanos, que no súbditos, hemos salido a la calle en todas las regiones de España para pedir cambios en la dirección política, se nos ha hecho el más mínimo caso: Se han pasado nuestras reivindicaciones por el famoso Arco del Triunfo del Político.

El caso es que, ya que no va a haber ninguna posibilidad de sufragio universal para lo que va a ocurrir en un mes, que es que será coronado como rey Don Felipe, se nos ocurre ponerle deberes para los próximos dos años. De esta forma, si hace bien sus tareas, igual dentro de dos años tenemos una percepción distinta de lo que es la corona en España.

¿A qué viene todo esto? Bien, viene a cuento para colocar al lector en la posición deseada: La generación que tiene entre 20 y 40 años, y que a duras penas entendíamos la figura del rey como Jefe del Estado, y que no comprendemos la imposición por derecho de nacimiento, más propia de la Edad Media que del siglo XXI en el que respiramos.

Pero sí que podemos entender que la figura de Don Juan Carlos fue necesaria para la llegada de la democracia, que fue inspirada y mantenida por él en los primeros años, y que, en gran medida, todo lo que ha acontecido posteriormente se lo debemos a él.

Con todos estos antecedentes cabe suponer que podemos pedirle lo mismo al heredero: Trabaje usted, Don Felipe, gánese la confianza de los españoles, demuestre que es usted válido para este puesto, y luego convoque un referéndum que refrende su puesto de trabajo.

Pero este trabajo que le encomiendo, Don Felipe, no es que usted y su señora sepan comportarse en una recepción, ni que tan siquiera haya escándalos en su familia de cualquier tipo (usted ya me entiende). Lo que le pido, lo que le pedimos, es que ejerza de Rey, que llame al orden a la clase política, que les de más de un tirón de orejas, que les obligue a trabajar por los ciudadanos, que recorte aquellas ramas que han salido torcidas y que, para resumir, ponga a los políticos a hacer política.

Para esta misión se nos ocurre darle dos años. 24 meses completos en los que desempeñará usted su cargo de prestado. Así, en el mismo momento en que haya elecciones generales en España se podrá llevar a cabo el sufragio universal y veremos todos, usted el primero, si merece o no, si los ciudadanos opinamos, que debe usted continuar como Jefe del Estado, o si debe usted recoger sus bártulos y marchar a vivir su vida en otra parte.

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