Escribo este artículo con intención de acercar la realidad de muchas familias que tienen entre sus miembros una persona que padece Alzheimer (u otras enfermedades degenerativas) cuando la dependencia de la persona es muy elevada y la fase de la enfermedad es avanzada.

En multitud de ocasiones al hablar con el cuidador o cuidadora principal que vive con la persona enferma me he encontrado con que hacen comentarios como los siguientes: “si yo me encuentro a gusto así”, “yo, viendo que está bien, ya estoy feliz”, “mientras está conmigo está perfectamente cuidado/a”, “tiene mi cariño, yo sé lo que necesita”, “todo está bien así”, “a mí me hace fuerte su enfermedad”, “mientras esté aquí conmigo hago todo lo que pueda por él/ella”…

Desde mi forma de comprender el sistema familiar y cómo se ubican todos los miembros en esta nueva situación es real esa satisfacción del cuidador/a principal en su actitud de entrega hacia el ser querido, el sacrificio es vivido de forma que merece la pena; en muchas ocasiones cuando la enfermedad está en fases muy avanzadas incluso la conexión y sentimiento de amor hacia la persona cuidada se multiplica exponencialmente y la sensación de estar haciendo bien las cosas por el enfermo/a es enorme.

Yo quiero poner el acento en lo que le sucede a ese cuidador o cuidadora, quien al centrarse con tanta intensidad en la atención a su familiar, no es capaz de verse a sí mismo, no puede velar por sus necesidades a nivel fisiológico, mental y emocional, no se permite tomar conciencia de cómo se siente, de qué necesita cada día, y desconecta de sí mismo.

Hemos de ser el entorno más cercano quienes nos pongamos las “gafas de la empatía”. Os propongo que os toméis unos minutos, os sentéis en un lugar cómodo, os toméis un tiempo en soledad y miréis al cuidador desde ahí con la claridad de quien aprecia su gran labor y tarea, su sacrificio por el bien del enfermo. Ese ratito intentad poneros en su piel, en sus sensaciones y emociones y, a través de esas gafas de aumento, sintáis su cansancio, su dolor por la pérdida del ser querido tal y como era antes de la enfermedad, su impotencia por no ser capaz de reaccionar como le gustaría en algunas ocasiones… Toméis conciencia de su soledad, su necesidad de tener un tiempo para sí mismo/a, para su autocuidado, en su propio beneficio.

Después de este ejercicio personal de acompañamiento a quien siempre está ahí con el enfermo, quisiera que deis un paso más y seáis capaces de hacerle el regalo que necesita: tiempo para sí. Quedaros con el enfermo/a y hacer que salga a realizar aquella actividad con la que tanto disfrutaba y que lleva meses sin realizar como un café, un paseo, tiempo para un masaje, para leer su libro preferido, para comer en un buen restaurante, para desahogarse con una persona de confianza que no la juzgue ni aconseje y que sólo la escuche…

Siempre ofrecer nuestro tiempo con plena conciencia de que ese cuidador merece ese espacio para sí y recibirá la ayuda que se le presta como un regalo de salud para poder continuar en la dura y difícil tarea de cuidador/a con sus dificultades y limitaciones, con las frustraciones que en ocasiones hace sentir la enfermedad, con la rabia por no tener suficiente paciencia o sentir que se reacciona de manera desproporcionada, también con otras emociones de connotaciones negativas que generan sentimientos de culpa.

Si conseguimos que ese cuidador o cuidadora vuelva la vista a su interior un tiempo al día o a la semana, que tome conciencia de su necesidad y se respete de forma que atienda a ésta, lograremos que se vaya sintiendo mejor consigo mismo y que se dé cuenta de que esto no implica renunciar al cuidado de su ser querido, sino todo lo contrario: cuidarle con mayor calidad en la relación.

Este granito de arena que aportamos, nos ayudará como sociedad a estar más sensibilizados con las situaciones por las que pasan las familias con este tipo de dificultades y a vivir con mayor plenitud el proceso de relación interpersonal en nuestro entorno próximo. De esta manera, la calidad en nuestras relaciones más cercanas será mayor y se incrementará nuestro sentimiento de satisfacción y unión con los/as demás.

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Esperanza Donaire Donaire

Esperanza Donaire Donaire

Trabaja en Sinergia Psicología. Psicóloga General Sanitaria, terapeuta Gestalt y docente. Psicoterapia en intervención individual con adultos y adolescentes, trabajo con familias y/o grupos encaminado al abordaje de las dificultades de comunicación y relación interpersonal, conflictos interpersonales y mediación.
Esperanza Donaire Donaire

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