Más de 100.000 británicos han muerto en los 28 días siguientes a una prueba positiva de COVID-19, mostraron los datos oficiales el martes, en un nuevo y sombrío hito, mientras el Gobierno lucha para acelerar la entrega de la vacuna y mantener a raya las variantes del virus.

Reino Unido tiene la quinta cifra más alta a nivel mundial de casos y decesos, y reportó 1.631 muertes y 20.089 casos más el martes, según cifras del Gobierno.

Las 100.162 muertes son más que el número de víctimas civiles del país en la Segunda Guerra Mundial y el doble del número de muertos en la campaña de bombardeo Blitz entre 1940 y 1941, aunque la población total era menor en ese momento.

«Mis pensamientos están con todas y cada una de las personas que han perdido a un ser querido; detrás de estas cifras desgarradoras hay amigos, familias y vecinos», dijo el ministro de Salud, Matt Hancock.

«Sé lo difícil que ha sido el año pasado, pero también sé lo fuerte que es la determinación de la población británica y cuánto nos hemos esforzado todos para superar esto».

Inglaterra, con mucho la más poblada de las cuatro naciones del Reino Unido, volvió a entrar en un confinamiento general el 5 de enero, que incluye el cierre de pubs, restaurantes, tiendas y escuelas no esenciales para la mayoría de los alumnos. Se han introducido más restricciones de viaje.

En diciembre, Reino Unido se convirtió en el primer país en aprobar la vacuna de Pfizer y se ha propuesto la tarea de ofrecer inyecciones para mediados de febrero a todas las personas de 70 años o más, aquellas que son clínicamente vulnerables, trabajadores de salud y asistencia social de primera línea, además de adultos mayores en hogares de ancianos.

Un total de 6.853.327 personas han recibido una primera dosis y 472.446 una segunda dosis.



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