El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de cuatro años de cárcel que le impuso la Audiencia Nacional a Carlos Fabra. El que fuera presidente de la diputación de Castellón y presidente del PP provincial deberá ingresar en prisión y cumplir la pena correspondiente. Fabra, de 68 años, fue acusado de tráfico de influencias, cohecho y fraude fiscal. Su ex mujer, también juzgada en el mismo caso, deberá cumplir un año de condena. Esta condena le obligaba, además, a abonar casi 1,4 millones de multa e indemnización.

Este parece ser el punto y final a un procedimiento que ha durado 10 años desde la imputación de Fabra por reiterados ingresos no justificados superiores a 3,2 millones de euros, cuyo origen se desconoce a día de hoy, defraudando a Hacienda más de un millón de euros y dejando de ingresar en el Tesoro Público unos 700.000 euros. Al final, Hacienda nos llega a todos, que diría Al Capone.

Fabra ha sido presidente de la diputación provincial de Castellón durante 16 años. Líder provincial del PP durante 22 años, fue calificado por Mariano Rajoy como “un ciudadano y político ejemplar”. Pero lo cierto es que se asemeja más a un personaje literario. Persona inmensamente afortunada a la que le ha tocado la lotería nueve veces en 10 años. Que se oculta tras unas gafas de sol para esconder un ojo de cristal, resultado de una pelea infantil. Alguien que se hizo construir una estatua en un aeropuerto por donde nunca ha pasado (ni pasará) un avión.

De buena familia, no en vano su hija Andrea, que casualmente es diputada en el Congreso, es de sobra conocida por su educación y su preocupación constante por el prójimo, especialmente los desempleados, a los que regaló un “¡que se jodan!” -¿increpará ahora la misma frase ante la suerte de su padre?- mientras el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciaba los recortes en las prestaciones de desempleo. Ante tal currículo, no es de extrañar que el que fuera cacique de Castellón terminé siendo un invitado más del programa “Encarcelados” de La Sexta.

Con el señor Fabra son ya 12 los ex altos cargos del PP encarcelados por corrupción. Los abanderados de la ley de transparencia puede que no sean tan transparentes como quieren dar a entender y, viendo lo visto y lo que no vemos, pero intuimos, algo nos huele, mucho, a podrido en el PP.

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Esther Dibae

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Mente inquieta y periodista en ciernes. Comunico en Colectivo Raro y colaboro donde me dejan.
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